Capítulo 36

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El tormento de 1999.

🏹Kahler Holbein.

5 de noviembre, 2019
Piotet, Alemania.

El lugar iba a explotar o mi cabeza no podía más que estaba perdiendo el poco entendimiento que tenía. Mi traje era otro desastre, tan arruinado o decorado que rastros de sangre formaban parte de el. Definitivamente perdía la razón poco a poco porque ignoré el hecho de que Sonell disparó en mi pierna, apoyé mis codos en el suelo con la esperanza de que mi cuerpo respondiera y pudiera al menos empujarme un poco para intentar levantarme.


Fue tan inútil que solo logré herirme más la pierna y sentí una punzada en el torso. Ese jazz sonando en la habitación me atormentaba imaginando que moriría en Nueva Orleans, aún con mi vana lucha tenía esperanza de que las melodías cesarían y alguien entraría por la gran puerta llena de candados que tenía a unos cuantos metros. Quizá en la quinta melodía sería rescatado, tal vez soñaba de más porque todo lo que vi venir al reproducirse la quinta melodía fue a Haiol, él que creí muerto por algunos años y en ese momento parecía más completo que yo.

— Te he buscado — pronuncié algo impresionado por su llegada.

Cualquiera pensaría que Haiol era un chico normal, atractivo, limpio, vestido con buena ropa, su aspecto tan impecable que hizo cuestionarme tantas cosas; rompiendo cualquier teoría por más sensata que pudiera ser.

Lo perdí todo.

— Estuve oculto en esa estación hasta que pude negociar con Meyer por su supuesta hija Dagna, quién si existe pero no es la Dagna que conocemos — lo dijo en un tono tan simple que quise golpearlo, parecía tan cómodo, despreocupado.

Un completo miserable que ni siquiera se fijó en mi herida.

— No hace falta explicar el resto de la historia, ya sabemos que esto terminó mal — todavía se molestó en reír —. Quería mi libertad y también a una hija que creí que era mía pero hubo algo de compasión por mi y ahora sé que no soy padre de esa pequeña niña, pero si el padre de tantas lamentaciones. Sabes que igual que tú y la otra hache, yo pensé que tenía una familia, sé que somos raros, pero el consuelo de formar parte de un apellido me daba seguridad, una extraña y enferma felicidad que perdimos los tres.

—El monstruo que nos engendró no es nuestro padre —tan feliz de que así fuera.

Haiol asintió y cerró los ojos.

— No me siento infeliz por ser portador del virus, mucho menos poderoso. Estoy sucio Kahler, por la cantidad de hombres que han puesto mano sobre mí, soy una desgracia, no puedo ser perseverante y menos un iluso porque he perdido todo, esas ganas de pelear hasta el final no existen más — abrió sus ojos, me sentí tan conmovido como él, Haiol no podía más, era evidente en sus lágrimas —. No sueño con irme a otro país y comenzar una nueva vida, me siento arruinado, perdido, todos esas novelas me han mentido porque ni el amor puede romper esta maldición.

— Sé que entre nosotros existió enemistad, aunque eran más celos, sentía tanta envidia de que Sonell te quisiera más...—la risa de Haiol me interrumpió.

— Ese hombre no sabe lo que significa querer, estoy tan contento de que no te haya hecho tanto daño como a Heng y a mi — él caminó hacia la mesa, sorprendiéndome de regreso con una pequeña caja —. Tengo algunos antibióticos y analgésicos, no se ve tan profunda esa herida en tu pierna pero en lo que contactas a tu padre, te pondré una venda.

— ¿Qué hago aquí contigo? — claro que me sentía agradecido, pero obviamente todo fue tan confuso —. ¿Cuántos días llevo aquí?

— Creo que llevabas cuatro días sin reaccionar, quiero que sepas que no pienso causar más daño — me tendió la mano y le creí —. Sabía que Sonell y sus hombres atacarían a los Grozheim, sobre todo ahora que Odler habló frente a la prensa y el pueblo está aterrado. Yo no quiero que mueras Kahler, todo te parecerá una locura, pero de verdad quiero que sobrevivas a esto.

Estación Holbein © [Completa ✔]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora