El bochorno se hace tan insoportable que tiene que salir de allí. Aunque sus heridas se abran, aunque la sangre vuelva a brotar de la carne que aún vibra con la energía y la técnica maldita de Shoko. Sale al pasillo con un sentimiento de desesperación que le roe la piel.
La vergüenza, la inmoralidad de lo que hace, el dolor de su engaño, la cercanía a la muerte, todo se arremolina confusamente en su interior y la obliga a levantarse para marcharse lo más lejos posible de Tokio. Lo más lejos posible de Gojou Satoru.
El primer problema surge cuando está en las afueras del campus, temiendo que Satoru o alguien más la encuentre. Apretando en su abdomen la herida más reciente. Su ropa manchada de sangre seca.
Lo único que tiene a mano es su teléfono móvil, la daga de Mechamaru y su katana han quedado olvidadas en la penitenciaría. No se lo piensa mucho antes de llamar, no tiene otra forma de salir de Tokio.
Recoge las pocas monedas que tiene en los bolsillos de su chaqueta y toma un taxi hasta un parque, uno que, por casualidad o gracia del destino, se encuentra a pocas manzanas del Colegio de Magos de Tokio. Por suerte, nadie la ha visto, por suerte ha recuperado las fuerzas para caminar. Pero ha perdido mucha sangre y sabe que no llegará muy lejos sola.
Mientras está en el asiento trasero del coche y el conductor la mira, después de preguntarle si quiere que la lleve a un hospital y ella se niega, lo llama. Por suerte, él no está durmiendo, o eso es lo que piensa ella cuando lo oye atender y vacila antes de hablar. Esta es la primera ocasión en la que Miwa escucha la voz real de Kokichi Muta, y no la voz mecánica de su marioneta.
—¿Miwa? —pregunta, desconcertado, interrumpiendo el trabajo que está haciendo sobre otra marioneta.
—¿Mechamaru? —cuestiona ella, ligeramente confundida.
—Sí... soy yo.
—Vaya... es la primera vez que escucho tu voz —Esto provoca una sonrisa en el rostro de ambos.
—Lo sé, Mechamaru está dormido...
—Yo... siento mucho pedirte esto, pero... necesito ayuda.
Kokichi pierde las palabras al escucharla, pero rápidamente sale de su ensimismamiento para responderle.
—Estoy aquí, ¿qué necesitas de mí?
Kokichi siente inmediatamente a su atrofiado corazón latir rápidamente en su pecho. Nunca se había sentido así, Miwa nunca había acudido a él en busca de ayuda. Y, aunque le preocupan las circunstancias que ella pronto le revelará, se siente feliz de poder servirle.
—Estoy en Tokio... y no tengo dinero para volver a Kioto... No tengo mis cosas, no tengo nada. Además... estoy herida.
—¿Qué?
—Sí... ¿puedes ayudarme?
—¿Necesitas asistencia médica? —pregunta él mientras imagina la razón por la que ella no ha decidido ir a la escuela de Tokio.
—N-No... —responde, aunque duda al mirar la sangre que aún brota sobre su camisa manchada—. Aunque... me vendría bien una muda de ropa y unas vendas.
—Envíame la dirección en donde estás... Veré lo que puedo hacer. Vigila tu teléfono móvil. No te preocupes, te ayudaré.
—Siento ponerte en esta situación, pero... ¿podrías no decírselo a nadie?
—No pasa nada. No te preocupes.
Asiente y, cuando cuelga, mira la fotografía de Kasumi en la pantalla. Teme haber cometido un error, ya que lleva varias semanas manipulando los informes que llegan a Kioto para mantenerla fuera de peligro. Adivina, con tristeza, cuál es la razón por la cual ella evita ir a la escuela de Tokio, cuando está allí. Es extraño, Miwa no debería estar en Tokio, y mucho menos tan cerca de Halloween...
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Desencanto
FanfictionMiwa está totalmente enceguecida por su sensei Gojou Satoru y luego de un vergonzoso encuentro sus sueños están a punto de hacerse realidad, pero no es lo que esperaba.
