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Sus ojitos se fueron abriendo lentamente, se encontraba en una cama cómoda y calentita, por un momento pensó que todo lo vivido hace unas horas había sido un sueño, hasta que se dio cuenta que esa no era su habitación, y tampoco su cama

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Sus ojitos se fueron abriendo lentamente, se encontraba en una cama cómoda y calentita, por un momento pensó que todo lo vivido hace unas horas había sido un sueño, hasta que se dio cuenta que esa no era su habitación, y tampoco su cama. Se levantó de golpe lo que provocó un repentino mareo por la rapidez en la que lo hizo, había una gran ventana y una cortina oscura cubriéndola, las paredes eran de madera, no muy lejos había una pequeña estantería con algunos libros, una mesa pequeña junto a la cama, pero sobre todo y lo que más llamó su atención fue que toda la habitación tenía aroma a menta café y... ¿Coco? Si, definitivamente era coco.

No fue consciente de la herida en su hombro hasta que gracias a un brusco movimiento sintió ese terrible dolor que lo hizo recordar que una flecha había atravesado su hombro.

Se quejó en silencio, miró la zona vendada y cuidadosamente tratada, su cabeza también dolía, pero era un dolor soportable, su torso estaba al descubierto, solo portaba sus pantalones que por cierto eran los de la escuela. Se levantó de la cama, quería averiguar dónde estaba, decir que estaba confundido no sería un gran descubrimiento, pues su cara lo decía todo.

Al mirarse por accidente en el gran espejo de la habitación, algo llamó completamente su atención, sus ojos se agrandaron por el asombro, incluso creyó que estaba viendo algún tipo de ilusión, pues su cabello que antes era castaño ahora era rubio, un rubio con toques más platas en las puntas, su tez tan clara como la luz de la Luna, casi pálido pero sin exagerar, sus ojos grises y con pequeñas motitas de color verde que resaltaban con la los rayos del sol.

En definitiva ese no era él, aunque si prestaba más atención y dejaba de mirar sus nuevos cambios, se daría cuenta que su físico seguía siendo el mismo, sus mejillas abultadas, sus adorables pecas, seguían ahi, sus labios de durazno tampoco habían cambiado.

Estaba tan distraido mirándose al espejo que no se percató que la puerta se abrió, hasta que sintió ese delicioso aroma intensificarse, el no comprendia pero su lobito que había estado durmiendo despertó encantado y moviendo la colita de un lado a otro al sentir la presencia de su alfa.

Jungkook lo miró y por instinto o tal vez por el trauma y miedo retrocedió desconfiado.

— Tranquilo, no te hare daño – Dijo Taehyung al percatarse cómo soltaba sus feromonas de miedo.

— ¿Q-Quién es usted y dónde estoy? – preguntó, no confiaba en él, no confiaba en nadie.

Alfa... Es nuestro Alfa.

Ignoró esa voz pensando que se estaba volviendo loco, a pesar del pánico en todo su cuerpo, algo dentro de él le decía que podía confiar en el pelinegro, que con él estaría seguro y lo protegería, pero su parte humana que solo había recibido malos tratos desconfiaba hasta de su propia sombra.

Taehyung observaba el pequeño cuerpo tembloroso mirarlo desde una esquina de la cabaña, podía sentir a su lobo inquieto, y el suyo amenazando con salir y reclamar lo que era suyo. Pero no, Taehyung no podía actuar como una bestia en estos momentos que el cachorro se encontraba temeroso, confundido y desconfiado, no sería una buena primera impresión, por lo que ignoró a su lobo.

「 omega de luz 」taekookDonde viven las historias. Descúbrelo ahora