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Capitulo diecinueve - ¿Además del daño físico y emocional?

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Por unos instantes sentí que moría, dicen que cuando nos estamos por morir pasan una “película” con nuestros momentos más felices en nuestra mente, o con todos los momentos desde que nacimos, bueno, yo no lo creía, pero acabo de comprobarlo.

Así que ahora no sabía donde me encontraba, pero estaba viva. Desgraciadamente.

Mi cabeza daba vueltas, los recuerdos de las noches pasadas azotaban mi cabeza como un gran torbellino, y emociones desbordantes inundaban mi pecho. Me sentía rota, sin esperanzas y lo peor de todo era sentirme decepcionada, ¿por qué las personas que más apreciamos nos apuñalan por la espalda?

Me removí en el lugar en el que estaba y sentí algo pinchar mi brazo y me retorcí del dolor. Parpadeé unas cuantas veces para acostumbrarme a la claridad de la habitación, al principio veía todo borroso y distorsionado, pero luego mi vista se aclaró y ahí se encontraba Agnese observándome con una pequeña sonrisa tirando de sus labios.

—¡Cariño! —exclamó en un tono bastante alto y yo fruncí mi seño— ay cariño, joder, me has dado un buen susto —dijo con su voz entrecortada— por favor, no vuelvas a hacerlo cariño. Fruncí mi seño nuevamente.

¿Acaso ella no se daba cuenta que todo esto era su culpa?

—Cariño, te han hecho un lavaje de estómago, ¿por qué lo hiciste Alice? Joder —agarró su cabeza, sus ojos se encontraban llenos de lagrimas— por favor, Alice.

—Mamá, tu hipocresía no me agrada —digo finalmente. Ella frunció su seño. —Por favor, vete y déjame sola.

—Travis está aquí —musitó.

—A ese gilipollas tampoco quiero verlo —mascullo.

—Y Ashton llegará dentro de unos minutos.

—Dile que se vuelva.

—¿Clhoe está aquí? —ella negó con su cabeza y asentí.

—Pero vendrá me dijo —asiento y entra el doctor.

—Hola Alice, soy el doctor Andrew Colemann ¿cómo te sientes? —preguntó el doctor mientras revisaba unos expedientes.

—Estoy —pienso unos segundos— bien —digo al final.

—el asiente— te hicimos un lavaje estomacal —asiento— Alice, la cantidad de pastillas antidepresivas que ingeriste pudieron haberte causado la muerte.

—Bueno, doctor, déjeme decirle que esa era la idea.

—¿A qué se debe tu comportamiento Alice? También, déjame decirte que has tenido una hemorragia muy grave, por suerte tu madre —miró a Agnese— llegó a tiempo y te envolvió con una venda las muñecas, para así parar el sangrado.

—¿Y bien? —pregunto— ¿eso es todo?

—En realidad —se aclaró la garganta— hemos hablado con tu madre y acordamos que irás a un psicólog-

—¿Qué? ¡no! Ni en sueños, ni lo piensen, no, no y no, me niego.

—Alice, es por tu bien —dijo mi madre hablando por primera vez.

—No iré a un maldito psicólogo.

—Es eso o rehabilitación —declaró el médico.

—¿Rehabilitación? ¡joder! Me niego a los dos, estoy perfectamente.

—Alice, has intentado suicidarte, y en tu expediente dice que no es la primera vez, o vas a un psicólogo o entrarás en rehabilitación, además, te hicimos unos choqueos y tienes signos de anorexia, falta de glóbulos rojos y una posible anemia.

A punto de caer¡Lee esta historia GRATIS!