REFERENCIAS (FICTICIAS):
Cristal del sanación: Torre hecha de cristal transparente, dónde los ángeles son encerrados por más de cien años, cómo un castigo divino por sus errores.
Mapa de impureza: Pergamino creado para facilitar la localización de maldad en áreas demasiado grandes y difíciles de monitorear.
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SEMANAS DESPUÉS
LOS ANGELES, CALIFORNIA
— ¡Estoy tan agotada!. —exclamó Lisa, saliendo de los vestidores de la cafetería—. Necesito llegar pronto a casa, para lanzarme sobre el sofá a descansar.
— Yo también. —dijo Rosé, caminando detrás de ella—. Aún no termino de acostumbrarme a este trabajo.
— A mí, me tomó más de dos semanas adaptarme a el. —comentó Lisa, caminando con las manos atrás de la cabeza, por el silencioso pasillo—. Pero tengo que felicitarte. Tú, en una semana haz hecho mucho más de lo que yo hice en ese tiempo.
— Sacrificios que uno hace por amor. —dijo Rosé, con una sonrisa radiante en el rostro y Lisa le sonrió de vuelta con un guiño juguetón.
Varias semanas habían pasado desde aquel viaje donde la vida de todas cambió para bien. En este tiempo, muchas cosas sucedieron, cómo el regreso de Jisoo a la universidad y la contratación de Rosé en la cafetería. Después de que la pelinegra abandonara el trabajo por motivos de salud, su puesto había quedado libre y fue Rosé, quien decidió tomarlo, con el propósito de tener dinero y poder comprarle videojuegos o alguno que otro manga a Jisoo. La mayor, se había intentado negar a los regalos de Rosé, pero solo bastaba una sonrisa por parte de la rubia, para que los terminara aceptando.
También debían de agregar, que en este tiempo, tuvieron que adaptarse a la ausencia de Jennie y Jisoo, los viernes por la tarde. Al estar ambas en último año y cerca de las prácticas laborales, se habían visto en la obligación, de tomar un curso con otros chicos de la universidad, con la intención de aprender cosas nuevas y útiles en sus prácticas. Las cuáles estaban prontas a empezar.
Era esa la razón, por la que Lisa y Rosé, se encontraban solas en ese momento, caminando por los pasillos silenciosos y fríos de la universidad. La mayoría de estudiantes habían vuelto a casa y eran muy pocos los que se podían ver a las afueras del edificio.
— ¿Crees que ya hayan salido del curso?. —preguntó Lisa, mientras salían del edificio y empezaban a bajar las escaleras.
— De ser así, ya nos hubieran llamado. —comentó Rosé, metiendo las manos en la bolsa delantera de su sudadera, al sentir el ambiente frío—. Y aún no lo han hecho, lo que significa, que siguen en ella.
— Tienes razón. —Lisa hizo una mueca—. Quería ver a Jennie hoy, pero dudo mucho que eso vaya a suceder.
— Ellas vuelven a las siete treinta. —le recordó Rosé—. Tendrán varias horas, para verse.
— No puedo, tengo muchas tareas por hacer. —Lisa respondió, al llegar al último escalón—. Y si Jennie se entera que dejé de hacer mis tareas por pasar tiempo con ella, se va a molestar conmigo, cómo lo hizo la última vez.
— Nunca podré olvidar su primer pelea cómo novias. —Rosé, soltó una pequeña risita—. Aún recuerdo cómo Jennie, azotó la puerta de su casa y subió a su habitación para bajar segundos después a gran velocidad, diciendo que no podía molestarse contigo y mucho menos estar tanto tiempo lejos de ti.
