Capítulo 16: Trauma y amor

1.4K 81 66
                                        


Él extiende algo en su dirección, se voltea, sentado sobre las gradas en medio del patio del colegio. Ve la paleta de cereza que le ofrece y se la mete a la boca casi de inmediato. Él siempre le quita el envoltorio antes de ofrecérsela porque sabe que la aceptará, no importa la hora del día, no importa si acaba de comer, él siempre acepta.

Getou siempre sonríe, como si fuera su estado natural. Cada vez que ve una figura de Buda, le recuerda a él.

Está sentado a su lado mientras ven a las muchachas entrenar. Utahime contra Mei Mei, Kasumi contra Shoko.

—Le miraste el culo —dice Gojou con la paleta dentro de la boca.

—No, no lo hice. Tenía un chicle pegado en el pantalón, tu chicle...

—¿Quieres que lo arreglemos afuera?

—Ya estamos afuera, idiota.

Ambos se miran a los ojos, Gojou aprieta los dientes y a Getou se le marca una vena sobre la frente. Repentinamente Satoru pierde su expresión y se sonríe, Suguru hace lo mismo. Ambos ríen hasta que parecen cansarse y continúan allí sentados observando el espectáculo.

Satoru mira la hora en su celular, como siempre hace, y Suguru se inclina estirando el cuello para ver la foto que usa como fondo de pantalla. Una foto de los tres, Kasumi hace un corazón con su índice y su pulgar, Gojou saca la lengua y él los abraza por detrás.

—¿Por qué crees que sueñas este tipo de cosas? —le pregunta él.

—Estás rompiendo la pared... Detente o voy a despertarme.

—Tu inconsciente está tratando de decirte algo, a través de mí. Algo que no quieres enfrentar de forma consciente. Bueno, una parte de ti quiere... que soy yo, la otra, el despierto, aún se niega.

—Suguru... ¿no puedes dejarme simplemente... disfrutarlo?

—¿Qué hay aquí para disfrutar? —le pregunta extrañado—. ¿Acaso soy yo? ¿O es ella?

—Si quisiera terapia, la pagaría.

—Deberías incluirlo en tus planes. Después de todo, tu y yo conocemos bastantes chamanes que sufren algún tipo de estés post traumático. Supongo que es difícil abrirse con un psiquiatra cuando la mitad de tu vida es un secreto para el mundo.

—¿Crees que necesito un psiquiatra?

—¿Tú no?

Satoru evita mirarlo. Saborea el dulce entre sus labios y se pregunta cómo es que su cerebro es capaz de hacerle sentir este sabor cuando no es real, como la compañía de él.

—¿Tanto me extrañas que tienes que inventar estos escenarios en tu mente donde yo estoy vivo?

—Guarda silencio... Lo estás arruinando todo.

—Satoru... también te echo de menos.

Los labios de Gojou se aprietan en una línea tensa, no le responde. Se queda completamente callado y continúa observando a Kasumi quien sorprendentemente le sigue muy bien el ritmo a Shoko.

Un tercero llega para ocupar un espacio a la izquierda de Satoru. Se sienta sobre las gradas, unas bancas más abajo y él lo mira por el rabillo del ojo. Trae, como siempre, el rostro cansado, tan machacado que parece un hombre en sus treinta, aunque es más joven que él mismo.

Nanami lo mira desinteresadamente y le hace una pregunta.

—¿Cuánto es veintiocho menos dieciocho?

DesencantoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora