La saliva se une, los cuerpos se aprietan el uno contra el otro. Las manos viajan por la espalda húmeda. Kasumi se queja suave y sensualmente dentro de la boca de Satoru y él hunde sus dedos en ella hasta que la punta se vuelve blanca.
Ella rompe el embrujo, pero permanece cerca. Lo mira por sobre sus pestañas blancas, arqueadas y espesas, apoya una mano sobre su pecho y respira ligeramente agitada. La ha dejado sin aire, como siempre. No está segura sobre cuánto tiempo han estado besándose así, con tanta palpable necesidad del otro.
—Tus besos no dejan de mejorar —comenta Satoru, destellando el brillo de sus dientes en una sonrisa que nace suavemente, alzando los bordes de sus labios.
Kasumi sólo lleva un traje de baño que apenas cubre partes esenciales de su cuerpo, y a pesar de que le avergüenza la misma sensación de desnudez, no teme a su toque, ni se resiste a sus manos.
Vuelve a buscarla. Extiende sus largos dedos, firmes, experimentados, a través de la espesura de su cabello y la atrapa para volver a besarla. Simplemente no está satisfecho, tiene tanta hambre de ella que no puede detenerse ni lo intenta. No se pregunta por qué está escondido en este sitio con una joven estudiante, por qué se le llena el pecho de calidez cada vez que ella lo abraza y se aferra de él como si su vida dependiera de ello. Por qué es que esta sensación de ser indispensable no le pesa en lo absoluto, por primera vez. Quizás se deba a que nadie a necesitado del hombre, de lo que sería Gojou Satoru... si no fuera Gojou Satoru.
Las manos de Kasumi Miwa han demostrado ser tímidas, están atrapadas entre el pecho de él y el suyo. No se anima a ir más allá y tocarlo de la misma manera que lo hace él. Entonces, mientras se ocupa de tragarse los ligeros quejidos de Miwa, Gojou usa su mano libre para tomar una de las pequeñas manos de ella. Aprieta sus dedos sobre los suyos, finos y delicados, con ligeras asperezas típicas de quien empuña un arma a menudo. La obliga a extenderla sobre su pecho húmedo y desnudo.
Hay duda en sus movimientos, pero la superan los deseos de fundirse en él. Extiende las manos y siente la piel suave bajo sus dígitos. Satoru la siente viajar por su piel, percibe la devoción bajo sus manos, bajo la pequeña extremidad que recorre su piel y se asienta sobre su pecho con la clara intención de sentir el intenso latido de su corazón.
Antes de poder sentir el salvaje tamborileo que retumba por todo su pecho, Satoru vuelve a tomar la mano y entrelaza sus dedos con los suyos. Afloja el agarre sobre su cabello y se aparta de su beso para verla a los ojos.
—Creo que deberíamos dejar esto aquí, por ahora —dice, convencido de que un roce más lo llevaría a cruzar las barreras invisibles.
Satoru no es alguien que sepa mucho sobre límites, y todo lo que ha aprendido al respecto ha sido a punta de golpes y tropiezos. Sólo le ha bastado un pequeño golpe contra los límites de Kasumi para comprender que, en estos asuntos, no puede llevarse las puertas por delante.
Y al encontrarse atrapado en este limbo que creó casi sin darse cuenta, y casi apropósito, silencia todos sus pensamientos como si estuviera en una meditación. Satoru puede borrar con facilidad ciertas cosas de su mente, con un poco más de esfuerzo también lo hace con los sentimientos. Ha trabajado en borrar sentimientos por años, es el costo de perfeccionar el uso de la energía maldita. El estado de suspensión del dolor, de la ira, del amor. Es lo que le ha permitido seguir viviendo consigo mismo.
Ella sonríe de esa forma tan inocente que lo desarma, tan tímida que le dan ganas de corromper hasta su última fibra.
Ambos se visten un par yukatas especialmente dispuestos para ellos en los vestidores. Salen al restaurante y, después de comer, Satoru la acompaña hasta el aeropuerto en el que se despiden.
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Desencanto
FanfictionMiwa está totalmente enceguecida por su sensei Gojou Satoru y luego de un vergonzoso encuentro sus sueños están a punto de hacerse realidad, pero no es lo que esperaba.
