Es extraño.
Despertar con una mujer a su lado, profundamente dormida, escuchar sus respiraciones y preguntarse por qué está haciendo las cosas tan mal, no es algo que suele hacer.
Por lo general, cuando se despierta con alguna de sus compañeras más frecuentes, hay un aire de casualidad en la atmosfera. Una cosa lleva a la otra y luego se despide, quizás lleguen a comer algo juntos, si su agenda se lo permite, luego llama un taxi y agenda el número de alguna forma que pueda recordar, si la noche lo amerita. Y, si no, no suele agobiarse con ese tipo de formalidades y simplemente se despide.
Ella es débil. Ha pasado un mal rato con una maldición de tercera clase ya estando en su segundo año. Mientras que sus propios alumnos son prácticamente de las mejores generaciones que ha tenido el colegio en una década. Desde él no se ha presentado tal potencial entre los jóvenes. Y ese es el tipo de gente que le entusiasma.
Quizás se deba a la evidente atracción que siente por él. Es una caricia al ego que todos se empeñan en criticar. Y no es que le importe demasiado lo que nadie tenga para decir de él. Satoru sabe con la seguridad de las ciencias exactas que es el sujeto más poderoso sobre la tierra, y nada de lo que nadie diga podría hacerle creer lo contrario.
Kasumi, en cambio, parece ser una persona de lo más común y corriente. Una persona que en este tipo de ambiente no debería sobresalir, pero lo hace. Lo hace por esa misma esencia de normalidad que se respira a su alrededor. Como el reloj que marca la hora en el manicomio, que es lo que su vida siempre ha sido.
Él es capaz de percibir el potencial dormido que yace dentro de su interior, de haber sido alumna suya, quizás las cosas hubieran sido totalmente diferentes. Los límites no se hubieran sentido tan flexibles. O de eso intenta convencerse para justificar lo que acaba de hacer con ella. Tal vez está arruinando a la persona más pura que ha conocido en su vida. Esto tiene que ser un error.
Sin embargo, privarse de su cálida compañía, no es una opción en este momento. No se siente como tal, no se le pasa por la mente como algo racional, como debería. Continúa allí, escuchando las respiraciones que salen por su pequeña nariz y contempla con una expresión ausente las marcas que se expanden sobre su piel.
El olor de Kasumi es algo que le resulta particularmente agradable. De hecho, es la primera vez que divaga sobre ello, de entre todas sus compañeras sexuales, esta es la primera vez que un pensamiento así se le pasa por la mente.
Y tal vez, esto se deba a que ya se ha habituado a él. Ya la ha respirado tantas veces que la esencia se ha hecho familiar. La podría reconocer entre cien perfumes. El olor de Kasumi es especial.
Se levanta de la cama, en medio de la noche, y sale al baño a lavarse el rostro. Se mira al espejo, al depravado profesor que prácticamente se ha acostado con una alumna. Bueno, no es su alumna. Lo ha repetido sin cesar desde que la conoció. Sobre todo, desde el momento en el que la escuchó suspirar su nombre.
De alguna forma, desea incluirla en sus grandes planes, ese panorama tan extenso que se abre paso por todo el mundo y desea con cada fibra de su ser cambiar. Destruir el paradigma, establecer un nuevo orden... Aunque, si Miwa no logra descubrir su propio potencial, no tardará en caer ante una maldición. Y morirá.
Miwa Kasumi eventualmente morirá.
La idea le mortifica. Deambula por el baño mientras ella duerme y piensa, piensa una y otra vez en alguna forma, una herramienta, debe haber algo que pueda hacer para que ella no sea tan inútil. Una manera de hacerla más fuerte, más hábil, más diestra. Pero nada se le viene a la mente, esto no depende de él, y el poco control que tiene sobre esta situación y los sentimientos que se despiertan cuando está a su alrededor le perturban.
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Desencanto
FanfictionMiwa está totalmente enceguecida por su sensei Gojou Satoru y luego de un vergonzoso encuentro sus sueños están a punto de hacerse realidad, pero no es lo que esperaba.
