Capítulo 10: El cielo y el mar

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Siempre le ha llamado la atención el aire ominoso que se respira en el recinto en el que Yaga utiliza para coser sus bonitos títeres. Lo mira, se da cuenta rápidamente que se ha comprado un par de gafas nuevas y espera a que termine el último hilado sobre la oreja de ese tierno objeto que próximamente será infestado con energía maldita. Yaga cierra la costura y corta el hilo con los dientes. Deja su creación sobre una pila y mira a Gojo a través del cristal oscuro de sus gafas.

—Llegas tarde —comenta molesto.

—Oye, llevo quince minutos esperando que termines eso —se queja, sin tener en cuenta que ha llegado cuarenta y cinco minutos tarde.

—Tienes una misión. Ventanas en la prefectura de Oita reportaron una aparición en una oficina de correos. Ijichi te dará el reporte, está esperándote afuera para llevarte al aeropuerto. Tu avión sale en dos horas. Apresúrate o lo perderás.

—¿Es serio?

—Lee el reporte, Satoru. Estoy ocupado, maldita sea, ¿no ves?

Gojo lo observa empezar un nuevo proyecto y hace una mueca con los labios. Rolla los ojos bajo la venda oscura que cubre su mirada y levanta una mano para sacudirla.

—Bueno, bueno. Ya estaba empezando a aburrirme después de todo. Adiós, Yaga, nos vemos pronto.

—Espero tu reporte a primera hora, Satoru —solicita, a pesar de saber que las probabilidades de que lo tenga a tiempo son escasas. Sin embargo, nunca se abstiene de ponerle horarios.

—Agh, está bien —dice estirando las palabras mientras sale por la puerta.

Sale a su habitación a recoger algunas cosas y una vez allí revisa su celular, tiene un mensaje de un número que desconoce y lo abre apenas intrigado.

'Gojo-sensei? Soy Sochi, saqué tu número del celular de Kasumi', una idea le hace torcer el gesto y le alivia, por primera vez, no haber sucumbido a sus deseos más depravados. Trata de recordar su última conversación con Kasumi y sólo le vienen a la mente unos memes que compartió con ella. Parece ser la única persona genuinamente interesada en ese tipo de interacciones.

'¿Estás bien, Sochi?' decide preguntar ante lo inesperado de su mensaje.

'Sí', contesta él rápidamente y mientras continúa tipeando una respuesta, Gojo observa la imagen que usa: una selfie suya en primer plano. 'Quería saber si podría llevarme a un lugar la próxima vez que vengas'.

'¿A dónde quieres ir?'

'A-cho!', dice él rápidamente.

Gojo no ha ido a una sala de arcade desde los dieciséis años. Quizás la última vez que pisó una fue con Geto, recuerda con un ligero nudo en el estómago. En aquella época le gustaba una muchacha que trabajaba allí, tres años mayor que él. La última vez fue precisamente el día en el que consiguió su número de teléfono, luego ambos supusieron que le habrían prohibido la entrada.

—No creo que siga trabajando ahí —se ríe y contesta.

'De acuerdo', escribe y envía, luego continúa, 'Kasumi no sabe que me pediste esto, ¿cierto?'

'No se lo digas, va a regañarme'.

'Bueno, es nuestro secreto'.

'Gracias Gojo-sensei! Eres genial'.

No deja de sonreír mientras junta un par de mudas de ropa en una pequeña valija, sale hacia la entrada del campus y se sube al auto en el que Ijichi lo espera hace más de una hora. Al subir en el asiento trasero sabe que lo observan desde el retrovisor.

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