Capítulo 9: Interior

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El móvil vibra dentro de su bolsillo, lo siente y lo ignora. Aún tiene las pestañas cerradas después de recibir el dulce beso de Kasumi. Las comisuras de sus labios se levantan y esboza una sonrisa, abre los ojos y la mira, iluminada parcialmente por la luz amarillenta de las luces de la calle.

Tan acostumbrado está a controlar el flujo de su energía, que no permite que el calor de desborde dentro de él. Aunque percibe que el sentimiento nace con evidente intensidad. Se ríe incluso, como si volviera a tener trece años y estuviera recibiendo su primer beso.

Cuando la intensidad que le despierta aquel beso se vuelve homogénea, uniforme, Gojo se pone de pie y ella se ve obligada a levantar el mentón para verlo a los ojos. Él no se resiste, se somete a sus deseos inmediatos y toma su pequeño rostro entre ambas manos. Se da cuenta inmediatamente que ella reprime un sobresalto. Tiembla ligeramente bajo su toque y él acaricia sus suaves y tibias mejillas.

Estira su cuello hacia ella, agachándose ligeramente unos centímetros. Su beso es más urgente, más apasionado. Controla el deseo de morderla, intenta infructuosamente darle un beso como el que ha recibido, pero la pasión latente de Satoru no logra esconderse y la besa hasta que ella retrocede para recuperar el aliento.

La calidez que escapa de su boca se impregna sobre las mejillas de Satoru. La mira, aun sosteniéndola entre sus manos. Tiene el rostro congestionado y los labios entreabiertos. Las manos cerradas sobre su pecho, y luego de un momento parece tomar algo de valor y se aferra tiernamente de su camiseta y se estira para besarlo nuevamente.

Lentamente baja sus manos, de su rostro a su espalda, y luego de su espalda a su cintura y la estruja contra su pecho. Aventura su lengua dentro de la boca de Kasumi y ella responde de la misma manera. Apenas suelta un leve quejido que le eriza la piel e interrumpe el beso para respirar profundamente y trata infructuosamente de silenciar los pensamientos más perversos que comienzan a nacer sobre la sensación húmeda de su beso.

—¿Qué tal... —empieza ella, casi sin aliento—, si tomamos asiento un momento?

Él se ríe, sabe que está a punto de hacer que las rodillas de Kasumi flaqueen. La suelta y baja la mirada. Observa las manos pálidas que se aferran de su ropa y ella lo deja ir como si quemara. Luego él echa un vistazo a los alrededores y al ver una banca de otro lado de la plaza de juegos, la señala con el mentón. Kasumi asiente y camina a su lado, él anda con las manos en los bolsillos y luego se sienta, se estira sobre la fría banca de madera como si fuera de su propiedad. De hecho, Gojo siempre deambula como si todo le perteneciera.

Kasumi toma asiento a su lado, tiene la espalda rígida y le está costando trabajo verlo a los ojos, aunque logra hacerlo de vez en cuando, de forma efímera.

—Creo que... hay algunas cosas de las que deberíamos hablar —comienza ella y repentinamente Satoru presiente una conversación que ya ha tenido en otras ocasiones.

No le agrada mucho la idea, sabe que ella desea echar luz sobre este asunto, lo cual saben por experiencia, puede terminar extremadamente mal.

—¿De qué quieres hablar?

—Bueno, de nosotros. De ti... y de mí.

—Te escucho.

—¿Qué... qué somos?

Gojo suelta una risa incómoda. Se ha quedado petrificado con la pregunta y su primer instinto es el de huir.

—Uhm.... —suelta tratando de recobrar la compostura.

Según él, sólo se han besado un par de veces, no es nada del otro mundo. Para Kasumi, en cambio, este ha sido el punto máximo de sus relaciones.

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