¿Qué sucede cuando tienes un enamoramiento por tu mejor amigo? Yo lo sé muy bien; es todo un desastre.
Grace Jones es divertida, callada y algunas veces tímida. Tiene un gran amor por los libros, bueno, podría decirse que es lo más cercano a su feli...
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¿Quién hace venir a los estudiantes a la escuela un sábado por la mañana? Nadie, pero mi escuela decidió que era bueno empezar con las ferias de universidades y programas de orientación vocacional.
Así que ahí me encontraba yo sentada esperando a que me asignaran un grupo y me dieran mi gafete para poder hacer el recorrido. El programa de orientación vocacional sería al finalizar la feria en uno de los salones más grandes de nuestra escuela.
Movía mi pierna con impaciencia ya que no había quedado en el grupo con ninguno de mis amigos. Sentados esperando quedábamos solo Lucy Hendrix, Bethany Cowey y Frederick Rochester. ¡Era una jodida broma!
Ya podría ser yo martirizada.
El profesor Andreas —un alemán— nos dio nuestros gafetes asignándonos como el grupo J. Ironía, no lo creía.
Nos levantamos de los asientos para comenzar a ver. Yo iba de último mientras abría la aplicación de notas en mi celular que estaba que explotaba por tanta notificación. Desde que publiqué el capítulo lleno de drama los mensajes no paraban de llenar mi buzón, además de las reseñas y vistas crecían aún más.
Bethany paró de caminar y yo sin querer me tropecé con ella —solo choqué contra su espalda—. Ella se dio la vuelta y me dio una pequeña sonrisa.
—¡Hola Grace! —dijo con su voz fresa—. No te había visto, ven.
La verdad era que Bethany no me caía bien, no era por su increíble atractivo de cabello rubio, ojos marrones con motitas verdes, cara aniñada y todo en ella reluciente más su forma de vestir como toda una niña que le despreocupaba su dinero y vida porque ya sabía que la tenía asegurada por el solo hecho de ser de una familia de ricos. Su actitud era lo peor, se hacía la tonta para coquetear y que todos cayeran a sus pies, además de siempre ser una persona ignorante.
Ella también había sido mi amiga en un momento que preferiría olvidar.
Me agarró del brazo y se enganchó de este mientras caminábamos, a mi lado caminaban Frederick y Lucy, ellos se iban riendo.
Frederick era como una vieja chismosa a la que le gustaba hacer el mundo arder a costa de mentiras y siempre que lo señalaban a él el causante de todo se hacía el desentendido y dejaba que a los demás les pasara la mala fama.
Por experiencia propia, no era nada bueno y bonito vivir con ello.
Lucy me miraba de reojo mientras cuchicheaban, preferí no prestarle atención y seguir escuchando a Bethany parlotear.
—Como te digo, Grace, esa banda increíble vendrá en los próximos dos meses —se detuvo en un puesto de una universidad—. Debes comprar la entrada, será super top.
Top será el puñetazo que le dé a su cerebro para que se callara.
Era la Universidad de Hamburgo en Alemania, escuché que tenía buenos programas, pero no me llamaba del todo la atención y pareció que a los demás tampoco. Sin embargo, tomamos el folleto que la mujer nos dio.
Seguimos caminando.
—¿Cómo has estado Grace? —preguntó Frederick esta vez, sentía que me querían comer como víboras.
—Bien, gracias —respondí cortante.
—¿Nada interesante? —la voz de Lucy me tensó un poco—. Es que siempre veo que te ríes.
Que me ría no significa que todo esté bien. Podía aparentar estar feliz por el exterior, pero en mi interior esta destrozada todavía.
Por eso decían que la luz era más fácil de amar que la oscuridad. Nadie quiere lidiar con los problemas de los demás.
—No, nada interesante por el momento —me obligué a mi misma a hablar un poco más y no ser tan borde—. Ya saben, estudiar, leer, hacer exámenes, pequeñas salidas. Nada fuera de lo normal.
—Uh, nosotros la semana pasada estuvimos en la casa de playa de Bethany —dijo Frederick—. Luego otros se unieron, como Gabriel, Eduard, Rainy, Valentine, ya sabes. Los mismo de siempre.
—¡Fue asombroso!
—Me alegro —asentí con mi cabeza mientras nos detuvimos frente al puesto informativo de la Universidad de Oxford.
Oxford era un sueño con el cual siempre fantaseaba y bromeaba con mis padres. Yo les decía que tenía un superpoder y era increíble y por ello me iban a aceptar en dicha universidad cuando fuera mayor. Hasta que me enteré que era una universidad centrada en lo científico y todas esas cosas que me daban dolores de cabeza.
Ahora el sueño se había ido hasta Estados Unidos en Duke, yo quería estudiar mercadeo, sentía que era una forma de ayudar a las personas de negocios pequeños a promoverse, además de que lo encontraba divertido por conocer a muchas personas.
Pero... en aquel momento me estaba cuestionando sobre si en verdad eso era lo que deseaba, ya que con lo reciente de la escritura se sentía muy bien, demasiado. Parecía una droga de la cual no quería salir. Sin embargo, me ponía a pensar sobre las probabilidades de triunfar, eran mínimas. El mercadeo era la mejor opción.
Ya quisiera yo haber triunfado en la escritura siendo un icono como A. Miller, ese hombre era increíble y su libro de romance fue impactante.
Acepté el folleto de la universidad y seguimos caminando.
Me acerqué a Lucy, era mi última oportunidad.
Entrelacé mi brazo con el de ella y me sonrió mientras seguíamos caminando, ellos no querían ver universidades, realmente no les importaba y yo bueno, no podía dejar mi grupo atrás.
—Hey, Lu —le dije divertida—. He oído pequeños chismecitos.
Ella entrecerró sus ojos en mi dirección.
—No sé qué chismecito has escuchado, Grace —dijo—. Aquí todos hablan de todos y sobre todo.
—Sobre que alguien ha calentado ese corazón tuyo.
—Puede ser que Joseph lo haya hecho —respondió sonriendo embobada.
Me quedé impactada por un momento, pero luego me recompuse a mi posición inicial y seguí como si nada mientras que por dentro todo se estaba quebrando.
—¿Joseph mi mejor amigo? —asintió—. ¿El Joseph que conozco?
—Sí, Grace —se rio—. Él me gusta.
—Mhm... Ya.
—Al principio pensé que ustedes estaban juntos, ya que este año se les veía muy cariñosos —sonreí un poco, no sabía que así nos habíamos visto—. Pero luego de preguntar, todos siempre negaban rotundamente.
—Sí, solo somos amigos. —La última palabra fue un dolor de garganta.
¿Escucharon eso? Fue mi corazón haciéndose trozos de vidrio mientras los pisoteaban.