Capitulo dieciocho - Mentiras

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—El ser humano está condenado a equivocarse y a aprender de ello cariño, tu no sabías todo de él, pero él lo sabía todo de ti y eligió fallarte, pero deja de llorar, ¿vale? —me separó de ella y secó mis lagrimas— él se lamentará toda su vida haber perdido a alguien como tu.

—Pero mamá —susurré— joder, me siento destrozada, frustrada y decepcionada, joder, ¿puedes dejarme volver a la cama? —frunció el entrecejo y luego asintió. Se agachó y cogió la bandeja con comida, la cogí— gracias —murmure. Ella me dedicó una dulce sonrisa y luego se marchó, entré a mi habitación y volví a cerrar con llaves.

Era comida de mc’donalds, joder, moría de hambre, cogí la hamburguesa y la llevé a mi boca.

—o—

Tocaron la puerta y luego la voz de Travis se escuchó— Sophie, ábreme por favor.

—No quiero ver a nadie —respondo elevando el tono de mi voz.

—Sophie, por favor ábreme.

Ruedo los ojos y hago lo mismo que hice anteriormente. Iba a hablar pero Travis me envuelve en un abrazo que acalla todas mis quejas.

—Te ves terrible —dijo cuando nos encontrábamos separados.

—¿Gracias? Pasa —entra a mi cuarto y cierra la puerta, me acuesto en mi cama y él se sienta a mi lado.

—¿Has comido? —preguntó y asentí— ¿qué comiste?

—Una hamburguesa de mcdonald’s con papas y coca cola —musite.

—Me parece muy bien Sophie —me sonrió e intenté devolverle la sonrisa— ¿te sientes mejor? —negué rápidamente— al menos, ¿un poco?

—asiento— muy poco.

—Por Luke ¿y por qué más?

—me encojo de hombros— solo estoy triste, creo que no hay otra razón, o tal vez si, ¿vale? Joder, no lo sé.

—Sophie —asiento para que continúe— ¿por qué no vas al psicólogo?

—No estoy loca Trav —él rueda los ojos.

—No es para locos, es una ayuda profesional así logras sentirte mejor.

—No quiero.

—bufó— te ayudará.

—No Travis, no me gusta abrirme con la gente, joder, y menos con alguien que no conozco, ni si quiera Clhoe sabe de esto que paso y que me pasa.

—Alice, buscaremos un buen psicólogo que sea de tu agrado y te acompañaré —negué rápidamente y él rodó los ojos— vale, me iré a mi casa, luego nos vemos.

—Siempre te vas cuando algo te disgusta, Travis —reproché.

—No quiero pelear contigo Sophie.

—Bien, entonces ve.

—Alice —masculló y se volvió a sentar en la cama— tengo algo que decirte, pero no sé si ahora o desp-

—Dime, ahora —rogué.

—Bueno, verás… —vaciló unos instantes— Ashton n-no —tartamudeó y enarqué mis cejas— Ashton no está en la universidad —soltó de pronto.

—asiento— mjm, ¿y dónde está?

—Bu-ueno él —pasó la mano por su cabello y tiró de él— él está en, joder, él está en California —mi boca por un poco caía al piso. Travis comenzó a caminar de un lado a otro mientras tiraba de su cabello de manera frustrada.

—¿Qué demonios hace allí? —exclamé furiosa.

—Bueno —habló luego de un tiempo en silencio— él fue a ver a tu padre.

—¿Qué qué? —pregunto sin creermelo— joder —digo entredientes— no puedo creer que nos haya mentido así.

—Bueno, no necesariamente les mintió.. —se calló.

—¿Agnese sabe, verdad? —él asiente y golpeó la pared con mi puño. —Mierda —digo al ver que mis nudillos cobran un color rojizo— él sabía —murmuro con mi voz quebrada— él sabía que Charlie vendría a buscarme, joder, él lo sabía todo, mierda lo odio, ¿hace cuanto lo sabes?

—Desde que se fue —eso me sorprendió aún más. Asiento y siento mis ojos humedecerse.

—Puedes irte Trav —el se encaminó a la puerta, cerré mis ojos y luego lo miré— ¿sabes qué? —grité— tu me dices que estoy jodida, pero tu y Ashton y todos se empeñan en joderme, ¿te das cuenta que siempre me cagan a mi? —grito aún más, mi garganta ardió— ¡siempre me cagan a mi Travis! ¿y cómo no quieres que sea como soy? Joder, todas las personas que quiero siempre me terminan jodiendo, la puta madre, vete y joder, no vuelvas hasta que tengas las pelotas para decirme las cosas de frente, ¿qué necesidad de mentirme así? Maldita sea —dije con un hilo de voz— ¿Qué mierda me miras, Travis? Vete, por dios, vete —abrió su boca para hablar pero luego la cerró y salió de mi habitación.

 Siempre me cagan todos, joder, maldito Travis, maldita Agnese, maldito Luke y maldito Ashton, sorete.

Me levanté bruscamente de la cama, fui al baño de inmediato, abrí el botiquín, revisé el frasco de pastillas y no había ninguna, joder. Salí de mi habitación, bajé las escaleras y me dirigí al baño de abajo. Abrí el botiquín y encontré las pastillas antidepresivas que le habían recetado a mi mamá. Las cogí, llené de agua el vaso que siempre había allí para tomar agua, tomé tres pastillas, las metí en mi boca y bebí todo el agua del envase, cogí cuatro más, bebí agua y las tragué a los segundos comencé a sentirme mareada, saqué todo lo que había dentro del botiquín y encontré una cuchilla, de esas que usaban antes para cortarse el cabello, la cogí y tracé mis venas con ella, las lágrimas seguían cayendo por mi mejilla, quería morirme, pero también quería que quedase mi presencia fantasmal para ser testigo de los momentos donde se arrepintiesen por haber hecho de mi vida un calvario.

Mi cabeza daba vueltas, y sentía que iba a desmayarme o con suerte morir en cualquier momento.

A punto de caer¡Lee esta historia GRATIS!