Ahí está él otra vez, con su suéter gris y tenis gastados, comprando un café latte para llevar. El café cuesta cuatro dólares, lo compra cada jueves cuando regresa de su ejercicio matutino. Primero corre un par de vueltas, se detiene y hace 40 sentadillas y pechadas, lo sé porque cuento cada una de ellas.
Me gusta seguirlo hasta su casa. Por las ventanas veo como se quita su suéter empapado en sudor y luego la camiseta, se sienta a toma su café latte, justo a las 8:00 am, siempre. No tarda más de 5 minutos para que se dirija al baño y tome una ducha, y lo veo.
Él no lo sabe, pero desde ese día llevo siguiéndolo. A donde él vaya, voy yo, lo que él hace, yo lo veo, solo lo miro y lo deseo. Deseo que sea mío, que algún día esté entre mis brazos para siempre. Aún espero ese día, en el que decida venir a mí al fin, porque si no es así tendré que ir yo por él.
Este día decidí acercarme un poco, dicen que de poco en poco se llega al objetivo, así que iré calmada, igual, nunca se da cuenta de que estoy cerca de él. En ocasiones creo que se olvidó de mí, pero sé que me recordará. Tiene que.
Lo he seguido desde que tiene 8 años. Ese día, oh, ese día decidí que sería mío. Claro, creí que sería más fácil, en ese entonces no era tan alto, ni tan fuerte y atlético, no creí que sería alguien tan perfecto, que me costaría traerlo a mí. Él no lo sabe, pero ya lo amarré a mí, ya es mi esposo y no lo sabe, pero lo sabrá, pronto.
10:00 pm, él se va a dormir. Así, desde la oscuridad, veo en su cuarto como las sábanas se pegan a su pecho desnudo, su respiración lenta pero fluida, como al moverse su cabello se desordena levemente haciéndolo ver más joven que antes. Cuando duerme me gusta ver su rostro, tan angelical, es el rostro de un hombre de corazón tierno y valiente.
Viernes a las 4 am, está desayunando en el trabajo, junto a sus compañeros. No volverá a casa en 3 días. Trabaja tan duro siempre, pero me conformo con verlo en su trabajo, creo que tengo alguna oportunidad de acercarme a él, lo he estado pensando y creo que hoy es un buen día. Hoy es el aniversario de cuando lo conocí, que nos conocimos, así que será hoy el día que le diga lo que siento y que me corresponda, será el día en que estará al fin conmigo, sí o sí, no pasa de hoy. Ya he esperado 24 años para que sea mío.
Ahí está, lleno de sudor, siempre nos encontramos así, con su cabello desordenado y su rostro sucio. Quiero acercarme a limpiárselo, pero alguien más tendrá ese papel. Desde la oscuridad siempre lo he visto, siempre lo veo, pero él nunca me ve a mí, porque soy muy tímida en ocasiones.
– ¿Quién eres tú? –su respiración es lenta, ya no tan fluida.
–Se mío, ya esperé suficiente, se mío –El humo no le permite verme bien.
–Entonces, sí viniste por mí –Las lágrimas no paran de caer de su rostro.
–Me recordaste. Eso me hace feliz. Ven mi amor –extiendo mis brazos a él, y nos vamos caminando juntos.
Todo se cae a nuestro alrededor, pero ya nada importa, por fin él es mío. Las vigas se desprenden del techo, bloqueando las puertas; pero él ya es mío, todo valió la pena. Al final siempre vienen a mí.
Al fin es mío, mi querido bombero valiente.
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Entre Rizos
General FictionColección de cuentos varios pertenecientes a @Tipleoveja (quien al no tener cuenta propia en Wattpad y que le diera flojera crear una me pidió publicar sus relatos aquí).
