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-Sophie.- gritó Jhon, quien decía ser su padre, desde su habitación.

-¿Que necesitas, Jhon?- preguntó ella al entrar, con la vista gacha.

-Tráenos dos cervezas.

Ella bajó las escaleras y subió con dos cervezas. La mujer bajo su padre no la miraba, él frunció el ceño. Nunca la miraban.

-Ahora andate.- gruñó molesto.

La chica obedeció rápidamente y salió de ahí. Caminó por distintas calles hasta un pequeño departamento que había logrado comprar en el centro de la ciudad. Subió las escaleras con una esperanza que sólo sentía allí adentro desde hacía un tiempo. Sacó su llave, abrió y entró. Junto a la puerta estaba el piloto azul gastado que había encontrado entre las cosas de la ex mujer de Jhon. Se lo puso y se quedó descalza sobre el piso de madera. Tomó la primera brocha que encontró y terminó de pintar las paredes de blanco. Quitó las sábanas del piso y devolvió los muebles a su lugar en las paredes que había pintado el día anterior y ya estaban secas. El silencio dentro del lugar le daba tranquilidad. La falta de la voz de Jhon le daba una tranquilidad que deseaba desde hacía demasiado tiempo.

-Sólo unos días mas y voy a poder escapar.- suspiró ella mirando su trabajo y sonriendo.

Volvió a casa a paso lento. Sabía que Jhon seguía con esa chica en la cama. Él era así, despreciable y predecible. Sophie había visto tantas chicas de su edad pasar por esa cama que había perdido la cuenta y la capacidad de sentir asco. Subió directo a su habitación, en medias, para no hacer ruido y dejar de ser invisible. Ordenó todo y guardó parte de sus cosas en una valija. La sacó de la casa para llevarla a su departamento y regresó cuando la noche ya estaba llegando a su fin. Se dio una ducha, durmió dos horas y salió rumbo al colegio cargando mas cosas en su mochila.

-Hola, Sophie- saludó una de sus compañeras de historia.

-Catherina.- susurró Pett a su oído, tomándola de la cintura y haciéndola así avanzar más rápidamente.- ¿Estás lista?

Ella volteó a mirar a su mejor y único amigo real y sonrió como suponía que sonreían los enamorados en los libros cuando decidían ser libres.

-Ya casi.- dijo ella.-¿Y vos?

Ese era el pequeño detalle, ella no era la única que quería escapar, su amigo también escaparía de su familia y viviría con ella. Él había tomado la iniciativa, la había convencido y, como si fuera poco, había pagado gran parte con todos sus ahorros.

-Esta mañana llevé las ultimas cosas antes de venir. Hubieras dejado las cosas que yo las acomodaba.

-¿Podrías ayudarme con las mías?- preguntó ella colocando su cabello oscuro detrás de su oreja.

-Claro que sí.- sonrió él.- No puedo creer que hagamos esto. Escapar de nuestros padres...

-Sabes que Jhon no es mi papá.- susurró ella.

-Pero no sabes quién es.- dijo él y la miró apenado al instante.- No quería ser brusco, perdón. Sólo que..

-Entiendo.- dijo ella.- Está todo bien, de todos modos no recuerdo a mi familia.

Él la miro arrepentido y luego se dirigieron al primer salón de clase. Pasaron toda la mañana entre distintos salones y clases. Al salir, él la llevó a casa en su auto. Pett era un chico de familia rica, de auto a los dieciséis y vacaciones en Miami cada año. Era un chico que iba a abandonarlo todo. Porque esa vida de lujos no venía sola, Esa vida de lujos intentaba tapar todo lo demás.

-Llevame estas cosas.- pidió ella sacando varias bolsas de su mochila.

-A las 11 en punto voy a estar acá. Traé todo, no vas a volver a pisar esta casa.

Ella asintió y salió del auto. Terminó de guardar todas sus cosas en absoluto silencio. Jhon no estaba. Era extraño no encontrarlo pero no le dio mucha importancia. La casa estaba en silencio, pero seguía siendo la casa y a ella no le gustaba estar ahí. Empacó todas sus cosas y las escondió entre los arbustos. La hora indicada llegó y ella bajó, sin prender una sola luz, sin dejar que nadie supiera que ella había estado ahí. Entre los dos subieron todo al auto con rapidez sin pronunciar palabra alguna. Ese podía ser el momento más importante de su vida y no quería arruinarlo.

-¿A dónde crees que vas, Sophie?- resonó la voz a su espalda.

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