Su divertida noche no podría haber culminado de mejor manera. Kasumi siente que su corazón explota cada vez que recibe un mensaje inesperado de Satoru y, aunque desearía contestarle de inmediato, decide dejar el móvil sobre la mesa y continuar jugando con sus hermanos y Mechamaru. Sin embargo, puede sentir sobre la punta de sus dedos la urgente necesidad de tomar el celular y contestar. Mira de reojo el dispositivo móvil una y otra vez. Y sólo logra olvidarlo por un momento durante la tercera ronda.
Mechamaru es el peor jugador de charadas que ha conocido. Supone que no es algo que haga a menudo, por lo cual este gesto de acceder al pedido de sus hermanos le parece de lo más especial. Lo ve luchando infructuosamente por representar El planeta de los simios, se ríe a carcajadas. Mechamaru imita un chimpancé y ella finalmente logra adivinar antes que Kano y, cuando es su turno, se para frente al grupo y levanta los brazos, pero parece que ninguno de los tres reconoce la clásica escena de Titanic que Kasumi intenta recrear.
Al final, Sochi y Kano terminan haciendo equipo y despedazan a Mechamaru y a Kasumi: siete a dos. Una total humillación para una jugadora excepcional de charadas. No obstante, la derrota no la desanima, se han divertido tanto que a nadie parece importarle el marcador.
Al cabo de un par de horas, Mechamaru se levanta para despedirse. La hora de dormir de Sochi ha llegado y el niño lucha por mantener los ojos abiertos y gimotea cuando se da cuenta que su nuevo amigo mitad máquina está a punto de marcharse. Kasumi no tarda en reprenderlo y termina por despedirse cordialmente de él. Kano guarda las cartas y se marcha a su cuarto cuando su hermana mayor le recuerda que debería estar haciendo reposo.
Al acompañar a Mechamaru hasta la puerta se preocupa y le menciona lo tarde que se ha hecho. Y luego recuerda que está hablando con un hechicero de primera clase y se ríe de su propio comentario.
—No debería preocuparme por ti, es la costumbre —se disculpa reclinada sobre la puerta.
—Fue divertido —confiesa él, parado frente a ella.
No quiere marcharse. Le gustaría pasar más tiempo con ella fuera del Colegio. Incluso llega a pensar en la posibilidad de invitarla a salir sólo para volver a verla reírse de esa forma. Kasumi sonríe tan ampliamente que lo deja sin aliento.
Escucharlo admitir que la ha pasado bien es un halago para ella viniendo de un rostro tan sumamente inexpresivo.
—Qué alivio... Es algo difícil saber lo que estás pensando.
—Lo imagino —da un paso hacia afuera y se detiene, gira su rostro hacia ella una vez más y decide continuar—. Si necesitas algo... llámame.
—Lo haré, gracias Mechamaru. Deberíamos hacer esto más seguido.
—Sí, estaría bien... Adiós Miwa.
—Adiós.
Ella le echa un vistazo, comenzando su trayecto de vuelta al colegio y luego cierra la puerta. Se apoya sobre ella y su mente vuelve a tener espacio sólo para él, sólo para Gojo Satoru.
Camina cansada hacia la sala y levanta los platos, las botanas, los vasos. Barre las migajas que han quedado repartidas sobre el suelo y busca una cobija para recostarse en el sofá, de la misma forma que ha hecho desde que Kano regresó a casa. Como sólo hay dos habitaciones y ella pasa la mayor parte del año en el Colegio Metropolitano de Magia, se las ha dejado a los muchachos. Ella no tiene inconveniente de dormir en el sofá, aunque llega a ser incómodo de a momentos. Sólo serán unos días más.
Apaga las luces y toma el celular, vuelve a mirar su mensaje y, a pesar de que es tarde decide contestar.
'¿A las 7?'
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Desencanto
FanfictionMiwa está totalmente enceguecida por su sensei Gojou Satoru y luego de un vergonzoso encuentro sus sueños están a punto de hacerse realidad, pero no es lo que esperaba.
