Qué sensación agradable, Satoru piensa mientras se retira. Le agrada todo, la sonrisa inocente de Kasumi, la chispa que incinera instantáneamente al adentrarse en el terreno de sus hermanos, la ternura al agachar la cabeza constantemente con la humildad de alguien que se cree poca cosa, cuán ingenua.
A pesar de lo agradable que se siente, se retira. Sabe que tiene cosas mucho más importantes de las qué ocuparse, sobre todo en plena temporada de maldiciones. Llega el momento en el que no tiene descanso y espera que Ijichi se haya fijado la fecha de expiración de su Visa, porque él se ha olvidado por completo y es muy probable que deba viajar al extranjero otra vez.
Y mientras Satoru desaparece en la inmensidad de la noche, Kasumi sueña. Se le ha quedado en los pulmones el olor de su colonia, masculina, distintiva. Siente que lo abraza, que está aún con ella y olvida completamente ese dolor que le pesaba en el corazón al inicio del día. Kasumi ha dejado atrás por completo el silencio de Satoru durante toda la semana y el pecho vuelve a llenársele de la ingenuidad natural del primer amor. De la tibieza que produce sentirse querida.
La cena, las risas, la ayuda, la amabilidad que ha demostrado con Sochi, representan para ella un cariño inconmensurable. Un gesto que no encuentra manera de regresar en la misma medida, nada que ella pudiera hacer sería suficiente para devolverle aquello.
En algún momento abre los ojos, se encuentra acostada en una cama en una habitación oscura, cubierta con un edredón de Kano, y no sabe cómo llegó allí. Se sienta sobre el borde y se talla los ojos, suelta un bostezo y se estira. Luego intenta recordar cómo es que llegó allí y llega a la vergonzosa conclusión de que se quedó dormida mientras Gojo Satoru le contaba algo, algo de lo que ahora no tiene la más mínima idea.
Le martiriza haberlo dejado hablando solo, justo en el momento en el que hubieran podido hablar de algo más importante, como por ejemplo... su presencia en su casa.
Kasumi termina suspirando, su rostro no hace ningún esfuerzo en esbozar la sonrisa que le nace naturalmente al pensar que fue él quien la dejó durmiendo en esa cama. Pero una idea la obliga a levantarse y salir apresuradamente por el pasillo. Abre la puerta y siente que la retira le quema. Es de día, de hecho, ya casi es medio día. Las gruesas cortinas de Kano le habían hecho creer que seguía siendo de noche, pero al salir de su cuarto Kasumi no tarda en descubrir que Gojo se ha marchado, otra vez.
Se siente tonta por haber esperado que él durmiera en el sofá. Es lo más lógico que se haya marchado, considerando quién es y lo fundamental que es para la organización en la que trabaja. Hay cosas que sólo alguien como Gojo Satoru puede solucionar.
Pero aquel desaliento muere rápidamente, cuando toma su celular y entre todas las notificaciones, la primera que ve es la suya.
'Tuve que marcharme', dice la primera. 'Nos vemos pronto', lee y sonríe con tal emoción que pega un salto de alegría. Podría incluso bailar.
—¿Qué haces Kasumi? —pregunta Sochi, que ha estado sentado en el sofá comiendo de los snacks que Gojo Satoru compró para él.
—¿Eh? ¡Oye! ¿¡Aún no has desayunado y ya estás comiendo esas cosas!? —se acerca rápidamente y las levanta de la mesa—. Sólo después de comer —le dice seriamente al sacar de sus manos la última bolsa de frituras.
Kasumi suspira. Sabe que el gesto ha sido con la mejor intención, pero desearía no tener que pelear con su hermano, considerando que ésta es una de las pocas ocasiones que tiene de verlo y pasar tiempo con él. Guarda las frituras dentro de una bolsa de tela y la esconde en el sitio más alto de la alacena, tan lejano que tiene que usar una silla para llegar.
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Desencanto
FanfictionMiwa está totalmente enceguecida por su sensei Gojou Satoru y luego de un vergonzoso encuentro sus sueños están a punto de hacerse realidad, pero no es lo que esperaba.
