Las luces del hotel desaparecen a medida que ellos se alejan y Gojo, una vez más, vuelve a colocar una mano sobre su rodilla. Aquel gesto comienza a volverse una costumbre, con el pasar de los minutos deja de sentirse tan ajeno. Miwa sonríe, su corazón galopa incansablemente mientras piensa en dar un paso más y se atreve a entrelazar sus dedos sobre la mano que se aferra a ella.
Los peores resultados que la joven mente de Miwa anticipó no se volvieron realidad al poner un alto; Gojo no parece molesto en lo más mínimo, sigue igual de animado que siempre y su promesa de llevar las cosas a su ritmo le ilusiona. Quiere preguntarle los detalles específicos de ese acuerdo, pero teme que su entusiasmo sea poco atractivo. Él es tan relajado y casual que siente que debe actuar de una manera similar.
Está feliz, está demasiado feliz.
—Detenga el auto.
El vehículo frena sorpresivamente y se orilla. La mano que Miwa sostenía ahora la detiene por el pecho, evitando que se golpee contra el asiento delantero. El tono de Gojo es severo, su expresión adusta, Miwa jamás lo ha visto así. Él se acerca a ella antes de salir del auto.
—Hay algo de lo que tengo que hacerme cargo —comenta y luego vuelve a sonreír. No necesita preguntárselo para saber que se ha preocupado—. Ve al colegio, iré en un momento. Avísame cuando hayas llegado.
Gojo le paga extra al taxista y se baja del auto.
—Sí... —contesta Miwa, está a punto de llamarlo sensei pero sabe la idea que se hará el conductor que acaba de recogerlos de un hotel.
La puerta se cierra y Miwa lo ve adentrarse en el bosque junto a la carretera, camina con las manos en los bolsillos de la misma forma que lo hace cotidianamente, tan despreocupado, tan genial.
Hubiera deseado tener la oportunidad de darle un último beso antes de despedirse, pero se contenta con saber que volverá a verlo al día siguiente.
Al regresar al Colegio la recibe la sinfonía nocturna de los grillos; rodean el campus en toda su extensión y la amable brisa primaveral que le acaricia los brazos vuelve la noche algo ensoñado, ha sido perfecto.
Se detiene en soledad y se da un tiempo para acariciarse los labios, aún puede sentirlos cosquilleando por el contacto de Gojo. Su piel aún quema, estuvo a punto de acostarse con él y el pecho se impregna de una calidez inexplicable. Cree que él ha sido paciente, cree que es un caballero.
—¡Cierto! —suelta y toma su celular con desesperación.
'Estoy en el Colegio", escribe en su móvil y envía.
Y mientras cree que está completamente sola, sonríe como una niña sin saber que desde el tejado de uno de los templos es observada atentamente por un ojo amigo.
Mechamaru ha estado esperando por ella desde el momento en el que se fue con él. Tiene un presentimiento extraño que lo ahoga y duele, y no logra dormir.
Él siempre la observa, el rostro inexpresivo de Mechamaru le ayuda a disimular, la contempla en la distancia y sueña con un día poder estar a su lado en carne propia. Sin esfuerzo se ha percatado del estado de ensoñación en el que está sumergida desde que Gojo Satoru llegó al Colegio, supone que Miwa cree estar haciendo un trabajo decente al esconder sus sentimientos, pero ella siempre ha sido un libro abierto.
Kirimaru la observa sonreír a través de Mechamaru, se para sobre sus dos piernas sobre el tejado y amplifica su mirada sobre ella. Se pregunta por qué ha llegado sola y desde la prisión que es su propio cuerpo, sonríe con un dejo de amargura porque sabe que algo está naciendo ante él, algo que tendrá una muerte prematura y extremadamente dolorosa. Lo presiente. Pero no hay nada que pueda hacer para detenerlo. El daño ya está hecho, Miwa está enamorada de ese hombre.
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Desencanto
FanfictionMiwa está totalmente enceguecida por su sensei Gojou Satoru y luego de un vergonzoso encuentro sus sueños están a punto de hacerse realidad, pero no es lo que esperaba.
