Lee las páginas de ese expediente, recostado en la escueta cama del ala norte del templo.
Dos hermanos menores, uno de 15 años y otro de 12. Padre desaparecido, madre muerta.
Lee una y otra vez los mismos párrafos.
Ella trabajaba medio tiempo sin la autorización de su escuela a la que solía asistir y al mismo tiempo era la mejor de su clase. Todo eso mientras hace de madre y padre de los otros dos.
Gojou vuelve a leer el expediente que robó de la sala administrativa. Mira la foto de una sonriente Miwa sobre la primera página y comienza a sentir una tremenda molestia.
Qué desafortunada vida.
El expediente no especifica mucho acerca de la muerte de la madre de Miwa, sólo el año del deceso. Para ese momento ella tenía unos tiernos trece años. Gojou se pregunta cómo ha hecho para sobrevivir desde entonces, si Miwa habría huido de los servicios sociales o si el sistema se habría olvidado de ella y sus hermanos.
Parece ser la muchacha más agradable que ha conocido. Entusiasta y alegre, resuelta, con mucho empuje. Eso le agrada. Pero algo no le cuadra, no presiente, lo puede saborear. Miwa tiene que tener una explicación.
En breve se reunirá con ella para salir a festejar su cumpleaños así que debe devolver el expediente. Le toma un par de fotografías para volverlo a revisar más tarde y se da una ducha, luego se mete a hurtadillas en la oficina administrativa y camina cándidamente hacia la salida. Miwa estará esperándolo junto a la entrada en unos minutos.
Todo surgió repentinamente, se desenvolvió frente a él como si el destino le abriera paso para pasar esta noche a su lado. O eso piensa mientras ve su ingenua sonrisa y decide preguntarle lo que ha estado pensando toda la noche.
Erróneamente creyó que él lo había olvidado. En todo ese tiempo no había vuelto a mencionarlo, la saludaba de vez en cuando y no buscaba activamente perseguirla para cumplir con esa ominosa frase que le dejó aquel día.
Nos vemos, Miwa. Luego me contarás esa pesadilla en más detalle.
Quizás solo esperaba el momento ideal, quizás incluso lo había orquestado. Ella no tenía manera de saberlo. La realidad era que él sólo aprovechaba las oportunidades que se le ponían en el camino.
Y allí, atrapada en la parte más recóndita del Bar Karaoke Roseo, no sabe qué contestar.
Él ve, a pesar de la escasa luz, la manera en la que sus mejillas se tornan rosa de forma súbita justo después de hacerle esa pregunta.
Le intriga, espera por su respuesta con una ligera sonrisa en el rostro y el apetito de un depredador. Miwa balbucea algo bajo su aliento y luego recupera la compostura para hacerse la desentendida.
—¿Sueño? Uhm... no sé —alcanza a decir antes de que él continúe hablando.
—'Gojou-sensei', eso dijiste esa tarde. ¿Qué soñabas? Debe ser algo interesante, tenías las mejillas casi tan rojas como ahora. ¿Te da pena contarlo? ¿Fue un sueño húmedo?
La expresión de pánico de Miwa es tan evidente que Gojou asume que es una respuesta en sí. No necesita más confirmación, él lo sabe.
El nudo vuelve, peor que nunca. Le duele el estómago de una forma que jamás en su vida experimentó y no sabe si echarse a correr. Está tan avergonzada que no hay palabras para explicarle aquel sueño. Pero su ansiedad se ve opacada por la ligera risa de Gojou.
—Tranquila, es normal. Yo también he tenido de esos. Al menos dime si estuve bien, por lo que logré escuchar parece ser que pasamos un buen rato.
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Desencanto
FanfictionMiwa está totalmente enceguecida por su sensei Gojou Satoru y luego de un vergonzoso encuentro sus sueños están a punto de hacerse realidad, pero no es lo que esperaba.
