El frío fue lo primero que sentí.
No era un frío normal.
Era algo más profundo, como si naciera dentro de mí.
Abrí los ojos lentamente... Pero no había nada.
Ni cielo... Ni suelo... Ni luz.
Solo oscuridad.
Una oscuridad infinita que parecía envolverlo todo... incluso a mí.
Intenté moverme... No pude.
Mi cuerpo... se sentía extraño. Ligero. Inestable.
Como si, en cualquier momento, fuera a desaparecer.
Abrí la boca para gritar... Nada.
El silencio era absoluto.
Uno que no solo apagaba mi voz... sino también mis pensamientos.
—¿Dónde... estoy...?
No supe si realmente lo dije... No hubo respuesta.
Solo ese vacío... interminable.
Entonces lo entendí.
La caída... El final.
—Estoy... muerto.
La idea se formó lentamente, pero una vez apareció... no se fue.
Y aun así... Había algo más.
No podía verlo... No podía oírlo.
Pero estaba ahí... Observándome.
Esperando.
Como si mi muerte... no hubiera sido el final...
. . .
En un pequeño apartamento en el centro de Tokyo... vivo yo.
Kuroi Sora... Diecisiete años.
Mis padres casi nunca están.
Siempre ocupados, siempre lejos, siempre en otro país por trabajo.
Y mi hermano... bueno, él está en Inglaterra, terminando sus estudios en la universidad.
Al final, la historia es simple... Estoy solo.
No es algo reciente.
Desde los quince años aprendí a vivir así.
A cocinar lo básico, a mantener el lugar en orden, a no depender de nadie...
Al principio fue difícil. Después... se volvió normal.
O eso es lo que me gusta decirme... Porque la verdad es otra.
No importa cuánto me acostumbre al silencio,
ni cuántas veces repita que no necesito a nadie... ese vacío sigue ahí.
No desaparece... Nunca lo hace.
Es como un peso constante en el pecho, uno al que ya me acostumbré... pero que nunca deja de molestar.
Y tal vez... ese fue mi error... Acostumbrarme.
Me dirigí al baño y, al alzar la mirada, me encontré con mi reflejo.
Un chico de complexión delgada... Piel pálida... Cabello negro desordenado.
Y unos ojos... Vacíos. Como si ya no esperaran nada.
Me quedé observándome en silencio, intentando encontrar algo más en ese reflejo... pero no había nada nuevo... Nunca lo había.
En primaria... aprendí a pasar desapercibido.
En secundaria... perfeccioné ese hábito.
Evitar miradas... No llamar la atención... No destacar.
Era más fácil de esa forma.
Pero cuando entré a la preparatoria... eso dejó de ser suficiente.
YOU ARE READING
Between Two Times
RomanceEn la ciudad de Tokyo, donde el tiempo separó a cuatro amigos de la infancia, Kuroi Sora creció como alguien callado, reservado... alguien que aprendió a pasar desapercibido. Pero al ingresar a la preparatoria, esa invisibilidad dejó de ser suficien...
