5. Ayuda

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Las risas retumban a mi alrededor, todo está borroso, lo único que puedo ver son pares de zapatos. Desde el suelo todos se ven tan grandes y demasiado tenebrosos ¿Qué hice para merecer esto? ¿Por qué Damián me odia? Mis rodillas y manos pican por las raspaduras, las heridas quedan, duelen.

Todo pasó tan rápido; me encontraba caminando por los pasillos, buscando mi siguiente clase. El empujón que recibí fue demasiado fuerte, perdí el control de mi piernas y caí, segundos pasaron cuando tenía una multitud a mi alrededor y no era exactamente para ayudarme o levantarme. Estaban ahí para hacerme saber lo miserable que soy, lo sola y desafortunada que me encuentro.

Nadie me ayudaba, nadie viene a preguntar si estoy bien. Hasta que lo imposible pasa; una mano aparece en mi punto de visión ¿está esto realmente pasando o solamente es una ilusión creada por mis voces?

Últimamente hemos estado muy juguetonas…

Como ayer cuando jugamos, fue tan divertido ver tu rostro ¿en serio pensaste que tu padre estaba vivo? Tan inmadura, tan ingenua. Las personas mueren y nunca vuelven, entiende eso, pequeña Jezabel. Te veías tan patética ahí, llorando y gritando el nombre de tu papá. Toda una niña estúpida.

Las voces siguen pero yo no logro entender mucho de lo que dicen, mi mente está en la mano que hay frente a mí 

—Venga, arriba —dice una voz masculina, mi mirada sube hasta encontrarse con el pálido rostro de Alaric —Una chica tan hermosa no debería de estar en un lugar tan sucio, debería de estar en un lugar lleno de flores que sean tan perfectas como tú —atrapa mi mano y me levanta.

De fondo escucho risas y abucheos —Alaric, eres demasiado suave. Deberías de haberla dejado ahí, en el suelo, con los insectos y el insignificante polvo, creo que Jezabel por un momento se sintió en casa con tanta mierda como ella —dice Damián mientras ríe —mejor vámonos, Alaric destruyó la diversión.

Y tú destruiste a nuestra pequeña Jezabel. Eso no se hace, solo nosotros podemos destruir a la princesita de cristal.

 Mi mano sigue entre las de Alaric, al darme cuenta de esto la separo —deberías de ir a enfermería, esos golpes lucen muy mal —señala los golpes, una parte de mi pantalón está rasgada y llena de sangre, mis manos tienen unas pequeñas piedrecillas incrustadas.

Suspiro —Peores heridas he tenido y no he ocupado la ayuda de ninguna enfermera —levanto el bolso del suelo y me dispongo a caminar pero soy detenida por la mano de Alaric.

—Sé que has tenido peores heridas pero será mejor que vayas para que limpien tus rodillas, están sangrando mucho. Te acompaño —tira de mi pero yo no me muevo. Ir a la enfermería significaría quitarme parte de mi ropa, porque definitivamente no podrán limpiar las heridas sobre la ropa. Y eso solo llevaría a algo; enseñar los cortes que tengo.

—No puedo ir —susurro cuando Alaric logra moverme de mi lugar —no, necesito irme —tiro de mi cuerpo pero es imposible, estoy siendo tirada muy fuerte por él. Diviso la puerta de enfermería y el pánico se apodera de mi cuerpo, puedo sentir el sudor recorrer mi espalda.

Deberías de correr, Jezabel. No queremos escuchar lo que dirá esa mujer de tus cicatrices, sabemos que no entenderán.

—no te preocupes por tus cicatrices, necesitas ayuda y yo te daré mi apoyo —da dos toques en la puerta antes de abrir.

El lugar huele a alcohol, todo es blanco, lo cual me parece demasiado cliché. Una mujer rechoncha nos sonríe y nos pregunta por qué estamos ahí —Ella ha sido empujada y está sangrando mucho —la mujer recorre mi cuerpo con la mirada y se asusta al ver mi rodilla.

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