• Narrado por Nicky

"Y luego de tanto luchar, ¡por fin pude abrir los ojos!, pero absolutamente todo lo que me rodeaba era ajeno a mis recuerdos"

• Estaba recostada sobre la colchoneta de una herrumbrosa camilla junto con un catéter intravenoso incrustado en ambas muñecas. La sangre casi ennegrecida de mi cuerpo fluía a través de aquella alargada manguera del perfusor donde era arrastrada por un líquido espeso hasta el suero que suspendía desde una varilla metálica. La poca sensibilidad de mis pupilas no soportaba el brillo excesivo que desprendía aquellos enormes focos incandescentes situados justo sobre mi cabeza y que provocaba bruscos parapadeos involuntarios. Era extraño lo que estaba experimentando, pues jamás había estado en un lugar así.

Por desesperación comencé a indagar motivada por la curiosidad, ya que una tortuosa parálisis me había impedido mover un sólo músculo. ¡Sentía como si me hubiesen amarrado las piernas para no salir huyendo!.

¡Sin lugar a dudas, yo era el conejillo de indias perfecto para los macabros procedimientos de algún científico loco!.

El sitio era verdaderamente espeluznante, como una especie de celda aislada del mundo exterior con sus blancas paredes acolchonadas y una atmósfera cargada de maldad.

- ¡Por Dios!, ¿qué es todo esto!- vociferé cuando el pánico se hizo carne en mi garganta.

Repentinamente una indescriptible brisa gélida, empezó a abrazarme; acarreando tras de sí una especie de temor inconcebible.

La impaciencia no tardó en aflorar poco a poco, entretanto el temor se apoderó de mi subconsciente: ¿Dónde estaba metida?. ¿Cómo mierda llegué hasta aquí?. ¿Qué ocurrió?. El último recuerdo que tenía era la imagen del ángel celestial tomándome de la mano y luego todo desapareció.

Desgraciadamente no poseía las fuerzas necesarias como para soportar el sollozo desesperado de una niña confundida y fue así que, sin pensarlo dos veces, me eché a llorar sin consuelo tratando de captar la atención de alguna persona que pudiese ayudarme a esclarecer tantas dudas.

De pronto, escuché el rechinar de las bisagras de una puerta que se abrió delante mío y de la cual comenzó a ingresar un grupo de seis personas vestidas completamente de blanco. Entre sus manos sujetaban pequeños frascos de algún medicamento junto con un puñado de jeringas descartables.

- ¿Qué quieren de mí?. ¡Auxilio, que alguien me ayude!- grité con tal fuerza que por poco mis ojos se desorbitaron.

La transpiración comenzó a emerger desde mis poros cutáneos empapando rápidamente aquel camisón impoluto traía puesto.

- ¡Cálmate Nicky!. No te haremos daño, sólo vamos a administrar tus medicinas vía intravenosa para apaciguar tu nivel de esquizofrenia. ¡Estás sufriendo una crisis!.- profirió una mujer de enrizados cabellos dorados, muy esbelta y hermosa.

A juzgar por su vestimenta, deduje prontamente que se trataba de una doctora, pues en la parte superior de su bata colgaba un gafete del cual estaba inscripto la palabra "PSIQUIATRA"

- ¿Usted me puede decir adónde estoy?- pregunté cuando el tono perturbado de mi voz, sucumbió ante una buena dosis de morfina.

Los efectos de la droga fue muy veloz haciendo que mis párpados comenzaran a sentirse mucho más pesados, provocando que la visión se tornara completamente borrosa, perjudicando mi percepción junto a la deriva de un sueño sumamente agotador.

- Descansa y duerme tranquila. Cuando despiertes contestaré a todas tus preguntas- concluyó la mujer, mientras extrajo la enorme aguja de aluminio que había perforado el catéter intravenoso.

Espontáneamente todo empezó a girar con extrema violencia, como si me encontrase en la cima de una loca y peligrosa montaña rusa a punto de caer hacia un precipicio insondable.
Las funciones vitales de la vista se hicieron ininteligibles, pues poco a poco me iba sepultando en las redes de un sueño inducido por las drogas.

- Se-señorita, por favor dígame qué es este lugar. Necesito saber...- balbuceé con mucha dificultad, tratando de articular las palabras que se atascaron entre mis cuerdas vocales.

La misteriosa mujer se inclinó hacia mi pecho con una expresión de angustia que resaltó las facciones en su rostro sudoroso.

- Cuando despiertes te diré toda la verdad, pero ahora cierra los ojos y descansa en absoluta paz- aseveró cuando interpuso sus fríos dedos sobre mis párpados e intentando obstruir mi visión.

Fue en aquel momento cuando los latidos de mi corazón dieron un respiro apaciguado para luego calmar la impetuosa taquicardia.

¡Confieso que no tengo la más remota idea de lo me que está ocurriendo!

¿En dónde diablos me encontraba?.
¿Acaso yo no había muerto consumida por el fuego?.
¿Qué pasó con mi madre Jane y con mi amado Jeffrey?.
¿Acaso todas mis vivencias eran meras alucinaciones, producto del daño irremediable de mi mente esquizofrénica?

Jeff, mi peor pesadilla©¡Lee esta historia GRATIS!