Si pudieras saber...

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Si tuvieras la oportunidad de expresar tus más profundas dudas, ¿cómo reaccionarías? ¿Creerías que es verdad? ¿O simplemente dirías que no es real y continuarías con tu vida como si nada hubiera pasado?

Sé que yo no pude dar vuelta atrás y por ello comencé a recordar toda mi vida, para poder saber en qué parte de mi historia personal estaba esa persona curiosa dentro de mí, que había hecho dirigirme hasta el comienzo de la arboleda, y la cual me había impulsado a caminar por horas hasta llegar al sitio donde me encontraba. Y fue esa persona quién tomó el mando y comenzó a hacer preguntas.


-¿Por qué tememos perder cosas que aún no tenemos?


Por qué los humanos han experimentado grandes pérdidas desde que se establecieron en la tierra, está en su ADN el incomprensible dolor de una pérdida, lo llevan grabado en su ser, y por ello no desean atarse a nada por un largo tiempo, no cuando saben que pueden perderlo sin más.

Por unos segundos mire la respuesta ante mí y lo único que hizo la misma fue generar más interrogantes dentro de mí.


-¿Pero cómo superar ese temor? -inquirí.


Primero deben aceptar que no pueden obtener todo, si tuvieran demasiados logros o cosas, perderían el contexto de vivir y desde ahí comenzarían un nuevo ciclo de pérdida no material. Para superar el miedo deben aventurarse más y aceptar que pueden haber buenas o malas consecuencias, dependiendo de lo que hagan y las decisiones que tomen.

Eso era mejor de lo que había esperado y sobre todo viniendo de un objeto que ante mis ojos, era completamente inanimado... a excepción de que cada vez que yo abría la boca para formular una interrogante, me respondía de forma lógica y como un ente pensante y completamente coherente.


-¿Quién decide que es la mortalidad? -continué con mi cuestionario.


Una fuerza mayor a ti

En realidad, estuve a punto de reír histéricamente cuando leí esas palabras.

-¿Una fuerza sin nombre? -pregunté con una sonrisa sardónica.


Anónima para los humanos.


-¿Pero no para los otros seres que habitan la tierra?


Sólo para algunos.

No sé si era mi imaginación pero me pareció que se burlaba de mí, si no tenía la pregunta concreta, no me diría nada de interés o simplemente escogía cuando ser vago o vaga con sus revelaciones.

-¿Cuánto control tenemos sobre nuestra vida?


Muy poco.

Eso me dejó en el aire por un momento, había pensado la pregunta pero si he de ser sincero no me esperaba una respuesta como esa.


-¿En qué aspectos tenemos control?


En lo que desean hacer con su existencia, libertad de pensamiento, las decisiones que toman.

-¿En dónde no tenemos control?


Lo que sucede a su alrededor o lo que les pasa una vez toman sus decisiones.

Eso tenía sentido, por primera vez el mecanismo pensante y redactor que podía escuchar de alguna forma lo que yo decía y tenía la increíble capacidad de interpretar mis palabras, al fin decía algo en lo que yo estaba de acuerdo y de lo que ya tenía cierto conocimiento, incluso si antes no sabía que era verdadero. Más entusiasmado continué-: ¿Qué es la libertad?


Un estado de la mente.


-¿Tenemos un alma?

.

Era algo bueno saberlo.


-¿Cómo puede la gente creer verdades sin tener evidencias?


Tienen fe.


-¿Y deberían tenerla? -no pude evitar preguntar.


Es su prerrogativa.

Supuse eso era lo más lógico, cada individuo tenía derecho a pensar y creer lo que quisiera. Entonces, quería decir eso, ¿qué yo creía lo que me decía un ente alienígeno que bien podía estar siendo manipulado por alguien más?

Lo cierto es... que quería creer, había emprendido un viaje desde la seguridad de mi hogar, donde se encontraba mi familia, donde no tenía conocimientos sobre seres mágicos que sólo existían en historias fantásticas para subir por una montaña, atravesar un montón de árboles y encontrarme con esto. No sabía si lo creía o no.


-Jacobo -llamé mirando a todos lados, cómo esperando encontrarlo en algún rincón, vigilando. La puerta detrás de mí se abrió.

-Julio -replicaron fuera de la estancia, miré una vez más la mesa de metal pero las preguntas ya me eludían, en el momento no había nada más que quisiera saber-. ¿Y bien?

-¿Bien qué? -contesté. Jacobo se encontraba junto a la venta al final del pasillo, solo.

-¿Qué te ha parecido? ¿Has encontrado lo que buscabas?

-No -le dije con sinceridad y eso pareció sorprenderlo, se giró ligeramente para poder mirarme.

-Pero has estado largo rato y has salido igual de calmado que cuando entraste -analizó más para sí mismo, esperé con paciencia sin decir palabra. El hombrecillo que no era humano, si no algún ser mítico del bosque asintió para sí y se alejó.

Detras de la ArboledaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora