Prologo

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~Jae~

Un ligero golpe en la puerta de mi oficina se escuchó, levante la vista y deje caer el folder que sostenía en las manos. Sin duda lo que acaba de leer, fastidiaría mi día por completo.

―Pase ―Dije. La perrilla de la puerta giro y Max apareció, su rostro me decía sobre lo que hablaría.

― ¿Revisaste el informe? ―Pregunto con su típico tono de voz neutro, el mismo que usaba siempre que estábamos en la empresa.

―Justo hace un momento. ¿Lo verificaste antes de entregarlo? ―Aun no podía creer lo que había visto. Max se situó delante de mi escritorio, permaneciendo de pie como era su costumbre.

―Por supuesto. Lo hice dos veces… —Guardo silencio un momento— Si las cosas siguen así…

―Lo sé ―Conteste, mientras meditaba lo que diría y que yo, ya sabía.

Las acciones de la empresa habían bajado de nueva cuenta, era la segunda vez en el mes. Si las cosas continuaban así, los socios comenzarían a retirar sus inversiones y eso pondría en peligro la estabilidad de la empresa y el renombre de la familia. Industrias Kim, era la empresa más reconocida en todo Corea e incluso en algunos países extranjeros. Desde luego que no había sido nada sencillo llegar hasta donde estábamos, por eso mismo era indispensable continuar ascendiendo o al menos mantenernos.

―Tienes que hacer algo respecto a tu hermano ―Dijo Max, no como una sugerencia, más bien como una aseveración. ¿Mi hermano? Más que eso era un dolor de cabeza.

― ¿Sabes dónde está? ―Algo era seguro, no estaba en Corea. Él y su estúpido habito de dejar el país sin aviso. Solo para derrochar lo que con tanto esfuerzo conseguía, menudo imbécil me había tocado soportar.

―El último reporte de su tarjeta de crédito es de las vegas.

― ¿Qué demonios hace allá? ¡Maldita sea! ―Ese cretino cada vez se medía menos. ¿Ahora estaba en las vegas? De verdad que lo mataría en cuanto regresara.

Seung era la razón de que las acciones de la empresa se tambalearan constantemente. Pues en un país tan conservador como Corea, algo básico en el ámbito de los negocios, sin duda, era el comportamiento de todos los miembros de la familia y mi querido hermano era un fastidio. No le bastaba beber y gastar fortunas en apuestas ilegales que lo metían en conflictos fiscales, además de eso le encantaba enredarse con cuanta golfa se encontrara a su paso. Todos los hombres llevan una vida clandestina en esas cuestiones, pero a Seung le encantaba exhibirse con sus mujerzuelas en los hoteles o complejos de la familia, donde los medios amarillistas siempre estaban al pendiente de algún escándalo que publicar, convirtiéndose en un terrible dolor de cabeza. De todo eso tenían que encargarme, intentando mantener el apellido de nuestra familia a salvo.

― ¿Quieres que le cancele las tarjetas y congele sus cuentas personales? —Esa era un opción, pero sin duda, no la mejor.

―No ―La última vez que había hecho eso, para intentar que regresara, había armado un lio y complicado más las cosas. Intentando asaltar un banco. ¡Maldito loco!― No, eso complicaría más las cosas.

La Esposa de mi Hermano¡Lee esta historia GRATIS!