Harry creía que eran expertos en eso. Salían de un problema y se metían en otro, arreglaban su situación con Jim, y Gemma salía embarazada. Louis, al final, fue convencido por Harry de ir al lugar especializado en personas ciegas. Louis no quería ir debido que a su primer día de estar ahí, Harry había resultado completamente golpeado.

      Pero Harry sabía que nada peor podía pasar, más que la noticia que Gemma le había soltado, y el aún no le había dicho al castaño. No es que debiera decirle, pero a Harry le gustaba comentarle todo a su novio.

      Y después estaba el hecho de su cumpleaños. Enero estaba a punto de terminar y con ello el cumpliría 17 años, casi sería mayor de edad, tenía algunos ahorros. El, de verdad, deseaba tener su propia cafetería. A el realmente le gustaba la repostería, y creía que poseía el talento para ello.

      Gemma le había dicho que le estaba organizando una reunión pero un día antes, porque Gemma le dijo que él estaría muy ocupado en su cumpleaños, aunque no le quiso decir por qué, Harry creía que sería porque iba a estar con Louis.

      En ese momento se encontraba lavando la ropa de él y Louis, hizo accionar a la lavadora y camino hacia la sala. Observo una camisa amarilla  del castaño y maldijo no haberla visto, ya que tendría que lavarla a mano. Se acercó al sofá donde la camisa se encontraba tendida, y la tomo entre sus manos.

      Sintió como su pecho se llenaba de una extraña calidez y deseo acercar la camisa a su rostro para poder olerla, para poder sentir a Louis. Pero eso sería algo extraño, no debía hacer ese tipo de cosas, ¿Qué tal si a Louis le molestaba que olieran sus cosas? Harry no deseaba que Louis se enojara con él por haber tenido el deseo de oler su camisa.

      Quizá Louis no se enteraría.

      Tomo la tela entre sus manos, no entendía porque su corazón latía tan frenéticamente. ¡Por dios, si es una camisa! La acerco hacia su nariz y enterró, literalmente, su rostro en ella. La colonia de Louis era la que Cassie le había regalado en su cumpleaños, era algo dulzona sin embargo, a Harry le parecía de lo más embriagante. Además de él olor a perfume, estaba el de Louis, no sabía a qué olía exactamente pero le gustaba.

      Se sentó en el sofá y sus dedos acariciaron sus labios suavemente, los pellizco un poco, imaginando que era Louis quien hacía aquello,  lamió sus dedos imaginando los ojos perdidos de su amado, su rostro sonrojado y su respiración agitada. Su mano izquierda seguía sosteniendo la camisa, sin embargo, esta ahora se hallaba entre las piernas de Harry.

      Cualquier excitación se esfumo cuando sintió algo peludo pasar sus pies y soltó un grito abriendo sus ojos y subiendo sus pies al sofá. Observo a Luigi frente a él y se sonrojo. ¿Qué era lo que estaba haciendo?

(…)

      —Gemma, no puedes abortar, el bebé no tiene la culpa de cualquier mierda que hayas hecho tú en la cama con Jim —espetó el rizado con furia. Jamás dejaría que su hermana abortara a la pequeña criatura que comenzaba a crecer en su interior, aunque aún fuera una semilla, estaba iniciando una vida, y no podía hacer eso.

      —Harry… no quiero tener al niño.

      —¡Dalo en adopción!

      Gemma estaba sentada en el sofá con sus brazos cruzados observando a Harry parado frente a ella. Harry se negaba absoluta y totalmente a la solución de Gemma para sus problemas, sin embargo a ella se le hacía tan fácil abortar. —¿Por qué complicarnos la vida en eso?

      —¡Por qué es tu maldita responsabilidad Gemma! ¡Hazte cargo de lo que hiciste! ¡No puedes matarlo porque se te hace fácil! ¿Crees que eso demuestra tu autentica madurez?

Veras con mis ojos y yo escuchare con tus oídos. (Larry Stylinson)¡Lee esta historia GRATIS!