CAPÍTULO 11

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Después de varias horas, íbamos al trote en silencio. Ben estaba situado a mi derecha y no dejaba de menear la cola entusiasmado.

¿Conoces a O. Scott? ―pregunté de repente.

¿Onawa? Es tu bisabuelo.

Ya lo sé ―mentí con orgullo. ¿Debía contarle que había encontrado una nota en el libro? ¿Era lo correcto? ¿Debía callármelo?―. Era para saber si sabías quién era o no...

Lo que tú digas... ¿Qué pasa con él?

Esta mañana encontré una nota suya. Él ya sabía que iba a ser yo la elegida.

Bueno, eres su bisnieta directa. Lo llevas en la sangre...

Suspiré y meneé la cola un lado para otro.

Siento atracción, adoración y quizá algo más por Koda pero me niego a reconocerlo porque si lo hago, si lo hago no tendré la suficiente fuerza como para alejarme.

Ya lo has hecho, lo acabas de confesar ―pensó el lobo.

Maldije en mi mente.

No sabía que una chiquilla supiese tantos tacos ―dijo Ben divertido.

« Estúpido... »

Si es que tengo una chispa.... ― dejó la frase inacabada― Vuelve con él y espero que seáis felices.

¿Qué me sucedía? ¿Era bipolar? ¿Cómo era posible que el día anterior me enamorase y tuviera claro que daría mi vida por ese chico y que unas pocas horas después pensara que lo mejor era tomar distancia y ahora estaba de nuevo decidida a estar a su lado?

No, vamos a Virginia. Iremos con mis primas o si lo prefieres podemos recorrer todos los estados, adentrarnos en la aventura. Una manada de dos lobos, ¿recuerdas?

Ben dudó.

Iremos a Virginia ―sentenció.

Unas semanas más tarde llegué a Oklahoma, sintiendo la naturaleza bajo mis pezuñas, sobre la mitad de la tarde. Poco a poco relajé mi cuerpo, me visualicé jugando con mis hermanos menores, ayudando a mi abuelo con la sopa de letras, cuando peinaba a mi madre y cuando ayudaba a mi abuela con las espinacas. Sentí como organismo adoptaba una forma diferente. Ahora lo veía todo con mayor nitidez y no en blanco y negro como lo hacía en mi forma lobuna. Una vez más estaba desnuda.

Entré a la carrera omitiendo todos los comentarios de Nils y Spencer y me encerré en la habitación. Respiré hondo y me vestí a tiempo record. No eché las cortinas más que nada porque no había nadie a estas horas en el corazón del bosque, bueno, no había nadie en el bosque. Escuché un ruido y me alarmé. De nuevo lo volví a escuchar y deduje que provenía de fuera, me asomé a la ventana y le vi a él con una sonrisa de oreja a oreja que enamoraba y un par de piedrecitas en ambas manos.

― "¿Qué resplandor se abre paso a través de aquella ventana? « ¿Qué dice? Sí es de día... » Y entonces caí en que citaba la escena del balcón de Romeo y Julieta―. ¡Surge, esplendente sol, y mata a la envidiosa luna, lánguida y pálida de sentimiento porque tú, su doncella, la has aventajado en hermosura! "

« ¡Qué mono! » Pensé apoyándome en la ventana.

Reí por lo bajo.

―Te quiero, te he echado de menos ―supe que las palabras le salieron solas pero me helaron. ¿Debía decirle lo mismo? ¿Lo sentía enserio o solo era simplemente atracción y adoración?

SANGRE DE LA LUNA¡Lee esta historia GRATIS!