Extra 1 | Retoñitos

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Extra 1|Retoñitos.

POV: Killiam A.

Un año y 5 meses de edad.

—Bueno, retoñitos, ¿qué haremos para divertirnos hoy?—les digo.

Alma ha salido a tomar sus clases de gastronomía, ella lo está llevando semipresencial por lo cual hoy lunes le tocó ir.

Yo me quedé cuidando a los bebés.

Son unos bebés muy inteligentes, saben asentir, negar, decir y no, papá, mamá, enda, lo cual según ellos es Almendra y otras palabras más. También gatean, se han puesto de pie en varias ocasiones, pero aún no caminan más de dos pasos.

Paso la mañana jugando con ellos, les preparo de comer luego se lo doy uno por uno.

En la tarde me dispongo a tender una manta y varias almohadas sobre el piso de mi habitación para quedarme un rato ahí con ellos y quizás hacer que duerman su siesta.

Me dispongo a leerles un cuento, noto que mientras voy avanzando en la lectura ellos van cerrando sus ojos quedando dormidos.

Los cubro con una manta y me acuesto a su lado, sin darme cuenta caigo también dormido.

[...]

—¡Abraham!—escucho el grito de Alma.

Abro de golpe los ojos y me incorporo rápidamente al notar que únicamente Aidan es quien está durmiendo aún a mi lado.

Salgo y encuentro a Alma y a los bebés en la cocina.

Me detengo al ver la nevera abierta y a los bebés embarrados de cosas.

«Ay, joder»

Ellos juegan felizmente en el suelo, noto como Kiam se lleva la mano a la boca, pero la quita con una mueca al notar que sabe mal y claro, ¿cómo no? Si está embarrado en huevos rotos.

Alma voltea a verme enojada.

Doy un paso atrás.

—Se puede saber, ¿por qué los bebés están así?—inquiere.

Rasco mi nuca.

—Estaban dormidos, yo también me dormí así que no me di cuenta cuando se despertaron—digo.

Ella inhala ondo luego exhala.

—Por esa razón es que hay que llevarlos a dormir a sus cunas—dice ella—Son bebés, lo cual los vuelve más traviesos y más curiosos que los adultos, debes ser más cuidadoso, Abraham, ¿qué tal que hubiesen tomado algo con lo cual podrían cortarse o algo así?

—Lo siento, tenía el sueño muy pesado—digo—Son muy escurridizos.

—Está bien, la cosa es que no vuelva a ocurrir, ¿ok? Ok—dice—Ahora vamos a darles una ducha.

—Espera—digo y me dirijo hacia la habitación. Tomo a Aidan en brazos y lo dejo en su cuna.

Me dirijo nuevamente a la cocina y tomo a dos de los bebés y Alma carga a uno, nos dirigimos al baño y le damos la muy necesitada ducha.

Ellos chapotean en el agua haciendo que Alma y yo salgamos algo empapados.

Los secamos y vestimos, luego los colocamos en su corralito con juguetes.

De su psicólogo a su novio © [#2] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora