Esta bien, quizás una casa de campo no era tan malo.

¡¿Pero qué digo?! ¡Una casa de campo era lo peor!

Mis pies se movieron con rapidez hacia la entrada de la maldita casa rural. Joel me seguia sin poder parar de reir, ya que mis mejillas se habian teñido de rojo al haberlo tenido debajo de mi sujetándome por la cintura, hacia apenas unos minutos antes de saltar de su regazo hacia fuera de, automóvil.

Me paré frente a la puerta de madera que daba paso a la casita. Cruzé los brazos mientras taconeaba en el suelo nerviosa y esperaba a que él abriera.

No lo hizo. Se quedó junto a mi, parado e imitando mi pose enfadada.

-¿Tienes pensado abrir? No me voy a quedar aqui todo el dia.

-¿Cómo se piden las cosas?

-O abres la puerta, o me voy- Sentencié al fin orgullosa de mis palabras, que habian sonado firmes.

-¿Me estás amenazando?

-No, te estoy advirtiendo de lo que pasará como no abras la estúpida puerta en...3...2...1- Conté con mis dedos, pero él seguia sin inmutarse.

Estaba quieto, intentando que me enfadara cada vez más y más.

-Tu lo has querido.- No dije nada más, me gire y tomé rumbo a mi casa.
Solo habia coches atravesando de punta a punta toda la carretera. Empezé a andar, mas o menos recordaba el camino por el que habíamos llegado, nuestra casa estaba a las afueras por lo que la casa no debía estar muy lejos, asi que caminé hasta encontrar algo que me resultara familiar.

********

Llevaba más de diez minutos andando, y empezaba a planterame seriamente la posibilidad de haberme perdido. ¡Estupendo! eso me pasa por orgullosa. Aunque, en el fondo, tenia la ligera esperanza de que Joey saliera a buscarme.

Los coches pasaban a mi lado. Todos eran viejas camionetas viejas, lo normal en sitios como este, donde solo habia bosques....y huertas de cultivo.

Me pasó por la cabeza hacer "autoestop", pero luego me recordé a mi misma lo que mi madre siempre me deciancuando era pequeña "Te cargaran como si fueras un saco de patatas y te guardaran en el maletero como se te ocurra parar a algún camionero y no vayas con cuidado"

Soplé varias veces. Definitivamente, me había perdido.

-¿Creias que no te encontaria, princesa?-Gritó una voz tras de mi. Rapidamente me di la vuelta cabreada.- Joder, que cara tienes, pensé que te alegrarias de verme.

-Si has pensando eso alguna vez, es que se te va la cabeza.

-¿Entonces me voy?-dijo. Empezaba a odiar su patética ironía.

-¡No!- Chillé algo mas alterada de lo que pretendía, así que me calme y volví a formular mi frase-No, quiero que me lleves a casa.

-Tenemos una comida pendiente.

-No. Ya no. No quiero ir contigo a ninguna parte. ¡Me has dejado sola en este....- Busqué las palabras adecuadas para describir este montón de mierda que me rodeaba, solo habia campos y huertas.- En este sitio ¡tan asqueroso!- No sonó muy maduro por mi parte, pero me valia para definirlo y me quede bastante a gusto.

-No voy a llevarte a casa hasta que no aceptes comer conmigo.

-¡Que te he dicho que no, pesado!- Él levantó una ceja ligeramente, incrédulo.

-Pues sigue andando, todo recto- Dijo levantando la comisura de su labio en una risa estúpidamente sarcástica.

-Esta bien. Una.-Dije elevando mi dedo índice- Una comida y me llevas a mi casa ¿esta claro?

-Si, señora- Dijo poniendose en modo militar. Resoplé y me encaminé de nuevo hacia la casa rural.

Los pasos de Joey me seguian. Él se encargaba de decirme todo el rato la maldita frase de "No es por ahi" ¡Ya sabia que no era por ahi! ¡No hacia falta que me lo recordara todo el tiempo! Bueno, en realidad no tenía ni idea de hacía donde iba, pero no le iba a dar el gustazo de tener razón.

-Y...ya estamos aqui, de nuevo- Apuntó la casita vieja.

-¿Esta vez vas a abrir o te vas a quedar parado como un tonto?- Pregunté cuando estábamos delante de la puerta.

-Abriré doña malhumorada, pero solo porque no quiero que te vuelvas a escapar y que tu madre me eche la bronca.

-¿Cómo puede ser una persona tan desagradable?

-Una persona que te vuelve loca.

-Tienes razón, me vuelves loca... - Dije rodando mis ojos, sarcásticamente.

Joey metio sus llaves en la cerradura dando paso a una bonita casa, bien amueblada.

La casa era bonita, más de lo que yo me esperaba. Era completamente diáfana, con grandes sofas repartidos aquí y allí de forma desordenada y una pequeña cocina a la derecha. Tenia cuadros pintados a mano realmente hermosos. El baño estaba separado de la casa por una pared de madera....había muy poca intimidad para mi gusto.

-¿Que te parece mi bonita "mansión"?- Dijo irónico- No es igual que la tuya pero....

-Esta bien. -Opiné- Aunque demasiado oscura para mi gusto. No tiene color- Dije sin apartar la vista de los cuadros que tanto me habian llamado la atención.

-Los ha pintado mi hermana- Dijo Joey al ver que no podia despegar mi cara de la preciosa imagen plasmada en un simple lienzo.

-¿Tienes una hermana?

-Si, tiene diéciseis años, vive con mis padres y es toda una rebelde- Confirmó.

-Cuantos hermanos tienes, a mi me hubiera encantado tener hermanos.

-Si, bueno, no me hablo mucho con ellos, asi que a veces es como si no existieran.

-Pero si vives con tu hermano Thomas.

-¿Que te parece si dejamos de hablar de mi, señorita cotilla?- Asentí con una media sonrisa mientras me ruborizaba.

-No soy una cotilla- Me defendí.

-Si que lo eres. Si sigues asi acabarás descubriendo mis secretos más oscuros- Bromeó, achinando los ojos e intentando darme miedo.

-No eres el único que tiene secretos.- Dije entre sonrisas. él frunció el ceño.

-¿Una buena chica y con dinero, oculta algún secreto inconfesable? - Preguntó con una sornisa de medio lado- Eso si que es algo nuevo.

-Todo el mundo los tiene ¿no? Algunos graves, otros no tan graves, pero todos tenemos ese pequeño secreto que nunca hemos contado a nadie...Como por ejemplo mi tía Marjorie, que mantenía una relación secreta con el encargado del supermercado de mi calle. Estuve dos años sin comprender porque aquel tipo me hacia tantos descuentos en sus productos y me sonreía tanto, llegue a pensar que era un maldito perturbado, hasta que mi tía nos lo contó, eso si que es un secreto oscuro...-Joey me miro por un momento serio, y luego explotó en una sonora carcajada.

-Tu tía esta hecha una gamberra.-me miro sonriendo- pero si te digo la verdad, preferiría saber que esconde esta cabecita alocada- Dijo tocando mi pelo con la llema de sus dedos.

-Pues si te digo la verdad, dudo que descubras los secretos de esta "cabecita"- Dije poniendo una voz rídicula en esto último.

-Ya lo veremos Dani -Le mire seria, alzando una ceja-¿puedo llamarte asi, no?

-Te dije que ese apodo es solo para los amigos.

-Nosotros somos amigos, no?- Me guiño un ojo.

-Supongo que si, Entonces...Puedes llamarme Dani.

-Entonces tú- Soltó una carcajada antes de seguir, y añadió gracioso-...Puedes llamarme Joey.

PUEDES LLAMARME JOEY¡Lee esta historia GRATIS!