35| Regalo.

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Cap. 35| Regalo.

POV: Alma.

26 semanas / 6 meses de embarazo.

Abro los ojos y noto que Abraham no se encuentra a mi lado, bostezo y lentamente me pongo de pie.

Llevando una mano a mi espalda camino como pato hacia el baño.

Caminar como pato es mi día a día, el dolor de espalda, los pies hinchados, orinar cada dos por tres y comer, en eso se basan mayormente mis días.

Encontrar una posición cómoda para dormir es un tormento, y cuando se mueven es muy bonito pero a la vez lo sigo sintiendo incómodo, porque joder, no son dos pies, ni cuatro ¡son ocho pateando mi útero!

He comprado una almohada para esos casos, pero sólo funciona en ocasiones. La única manera en la que puedo dormir cómoda con una pierna sobre Abraham y mi cabeza en su hombro.

Al pobre se le acalambra el brazo y los pies, pero no se queja. Dice que no le molesta siempre y cuando yo esté cómoda.

Es un sol. En los anteriores meses de embarazo me daban antojos de madrugada y él con todo el cansancio del mundo se levantaba para ir a prepararme lo que quería o salía a comprarlo a una tienda 24 horas abierta.

Me daba pena por él, pero mis antojos eran más fuertes que la pena.

En ocasiones me miraba con deseos de extrangularme porque una que otra vez cuando me preparaba o compraba el antojo desde que veía la comida me daba antojo de otra cosa o me daba náuseas.

Sí, hasta yo me hubiese zarandeado, pero él siempre me tuvo paciencia y me complacía a mí y a los retoñitos.

En cuanto a los bebés temporales que compramos, duramos un mes con ellos, un mes en el cual Tomás no se acercó por nuestra casa y en la que desarrollamos la agilidad y habilidad de cuidar bebés, bueno, eso es lo que creemos. No es lo mismo cuidar bebés de plástico a cuidar bebés de carne y hueso, pero la práctica ya la tenemos.

Ya sé los sexos de nuestros bebés, pero Abraham no lo sabe.

Hablé con la doctora un día antes de nuestra cita, le dije que quería saberlo sólo yo.

Cuando fuimos a la cita al día siguiente ella mintió diciendo que los bebés no querían dejar ver que eran.

En la noche me llamó y me dijo los sexos, tuve que contener las lágrimas para que Abraham no sospechara nada. Tengo planeado hacerle una sorpresa en cuanto a eso a Abraham, ese era mi plan desde el principio.

El nombre de Almendra ya ha sido ocupado, le pusimos así a la cachorrita que Abraham me regaló para navidad, es de raza Akita Inu, una raza japonesa.

Quería ponerle Hachiko, hasta que Abraham me dijo que es hembra, así que juntos decidimos ponerle Almendra. Es blanca como la nieve y ojos marrones, es una cachorrita muy tierna.

Al terminar de ducharme salgo a la habitación, me visto y salgo a la cocina.

Hace un mes que nos mudamos de casa, esta es de una sola planta al igual que la otra, pero es más grande y amplia, tiene piscina y un patio más bonito y amplio.

Tan pronto me adentro a la cocina Almendra se acerca a mí.

—Hola, chiquita—digo.

Abraham se acerca a mí y me besa.

—Feliz cumpleaños y feliz San Valentín, Florecita—dice sobre mis labios.

Sonrío.

—Gracias, amor—digo—Feliz San Valentín para ti igual.

De su psicólogo a su novio © [#2] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora