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—¿Qué vamos a hacer?

Escondidos en un parque infantil lejano al instituto, Amir y Melanie se miraban. Asustados. Desorientados. Aterrorizados por lo que acababan de vivir.

¿Qué iba a ser ahora de sus vidas?

—Lo hemos perdido todo —asumió Amir—, y ha sido por mi culpa. Desde que llegué yo, no has hecho más que perder todo lo que ya tenías…

—Me da igual —declaró Melanie, y decía la verdad—. Si por ser como soy me han rechazado de esa forma, significa que nada de lo que tenía antes era real. Todo ha sido una mentira…

La joven suspiró, apenada, pero no iba a volver a llorar. Nunca más. Esas personas a las que un día consideró amigas no merecían que les dedicara ni un solo pensamiento más, ni mucho menos que derramara amargas lágrimas por ellas.

Amir le tendió una mano y ella la tomó, contenta por saber que aún lo tenía a él. Que siempre lo tendría, sin importar las adversidades. Los compañeros de clase, las creencias religiosas, las familias, el país de procedencia de cada uno…

Todo ello perdía cualquier rastro de importancia frente al amor que se profesaban el uno al otro.

—Huiremos juntos —dijo Amir de repente.

Alzó la vista, con un nuevo brillo de ilusión en sus oscuros ojos. Melanie lo observó con cautela, esperando a escuchar lo que él proponía antes de decidir nada.

—Podemos hacerlo —prosiguió él—. Nos iremos lejos, juntos, adonde sea. Tendremos que dejarlo todo atrás, pero merecerá la pena, ¿no crees?

—Pero… Pero, Amir…

—Tú lo has hecho por mí —la interrumpió el chico, mirándola con fijeza—. Tú has renunciado a lo que tenías y lo has hecho por mí, por nosotros, porque creías en lo nuestro. A mí me han enseñado que lo más importante que los seres humanos tenemos son nuestras creencias y que debemos respetarlas y honrarlas por encima de todo. Y yo tengo mis creencias, por supuesto que sí, y las tengo siempre muy presentes. Pero, a día de hoy, tras haberte conocido, si hay algo en lo que creo por encima de todo es en ti. En nosotros —se corrigió—. Y pienso honrar esa creencia.

La joven abrió la boca para responder, pero no le salieron las palabras. Estaba conmovida y desorientada a partes iguales. ¿Huir? ¿Dejarlo todo atrás? ¿Todo lo que conocían…; lo que ella conocía?

—Melanie, sé que no es fácil —le aseguró Amir—. Sólo piensa que estaremos juntos en un sitio donde podremos empezar de cero. Y sólo las personas que nosotros queramos sabrán dónde estamos. Nosotros lo decidiremos todo, absolutamente todo… los dos.

Sonaba tentador. Compartir una vida con Amir, convivir en un ambiente que no los repudiara por ser como eran… Estar juntos siempre. Hacer el amor cada noche. Apoyarse mutuamente en los momentos difíciles. Y, quién sabía, tal vez… formar una familia.

Juntos. Siempre juntos.

Sus ex compañeros de clase no los encontrarían. Se marcharían lo más lejos posible, a otro país si era necesario, y tan sólo sus respectivas familias sabrían de su lugar de residencia. Y si, por el motivo que fuese, no eran capaces de aceptar su decisión, la de marcharse para luchar por su amor, o ni tan siquiera dicha relación… Bueno, para entonces ellos ya estarían lejos, ¿verdad?

Sí, era el plan perfecto. ¿Qué podría salir mal?

—De acuerdo —aceptó Melanie—. Hagámoslo.

Lo miró intensamente, perdiéndose de nuevo en su oscura mirada. Melanie no quería dejar de mirarlo nunca. Quería ver esos ojos negros justo antes de dormirse cada noche y que fuesen lo primero que viera al despertar cada mañana. Quería tenerlo cerca siempre.

Radiante de felicidad, Amir la abrazó y depositó un apasionado beso en su mejilla, contento por saber que ella no veía tan descabellado su plan, que quería estar junto a él por encima de todo. Melanie le devolvió el gesto y, yendo más allá, buscó sus labios. Ansiosa por sentirle, por saborearlo.

 Por estar siempre juntos.

Ojos negros [Completa]¡Lee esta historia GRATIS!