32| Fuerza de voluntad.

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Capítulo 32| Fuerza de voluntad.

POV: Alma.

1 año y 9 meses después.

Abro los ojos y doy un bostezo. Los vuelvo a cerrar y me doy la vuelta para acurrucarme contra Abraham, pero mis manos palpan su lado vacío.

Vuelvo a abrir los ojos y lo busco con la mirada.

A simple vista no lo veo, así que me siento en la cama y estiro mis brazos volviendo a bostezar.

Culpa de Abraham, no me dejó dormir mucho que digamos.

Me pongo de pie estando aún desnuda y me dirijo hacia el baño. Al terminar me visto y arreglo un poco con un cepillo mi cabello.

Salgo a la sala de estar y noto que Abraham está en el balcón.

Salgo y lo abrazo desde atrás. Se sobresalta.

Río ligeramente y dejo un beso en el centro de su espalda.

—¿Por qué tan pensativo?—digo.

Él se da vuelta y deja un beso en mi coronilla.

—Por nada—dice—Sólo observaba la hermosa vista.

Miro por sobre su hombro y es cierto.

Estamos en el tercer piso de una casa en China, en la cual vivimos temporalmente. Hemos hecho lo mismo en los demás países, alquilamos una casa. Eso hace la experiencia más íntima y especial que estar en un hotel, en este lugar sólo estamos él y yo, en paz y tranquilidad.

En el patio trasero hay muchos árboles de cerezo, los cuales están cubiertos por su flor correspondiente, flor de cerezo, lo que hace que se vea aún más hermoso junto al amanecer.

Aunque es raro que estos árboles estén florecidos en septiembre, pues tengo entendido que sólo sucede en primavera.

¿Pero quién soy yo para cuestionar a la madre naturaleza?

Sólo me limito a disfrutar de las vistas que ofrece el hermoso amanecer y todos estos árboles de cerezo con flores blancas y rosas.

China es un lugar hermoso y cada lugar que hemos visitado ha sido fascinante, cada país tiene su encanto y escencia. No me equivoqué al pensar que está sería una experiencia inolvidable y maravillosa.

—Espera un momento—digo separandome de él y yendo por mi teléfono.

Coloco la cámara y apunto el celular hacia Abraham.

Él sonríe de lado antes de que tome la foto.

Nos tomamos una sonriendo ampliamente y otra con una mueca.

Él toma mi celular, dispuesto a tomar las fotos él.

—Tienes un pulso terrible, algunas quedaron borrosas—dice y yo resoplo.

En ese momento él apunta la cámara frontal hacia nosotros, se pone vizco lo cual me hace reír, junto en ese momento captura la foto.

En la siguiente cuando está por tomar la foto coloca una mano en mi rostro, la quito de un ligero manotazo y lo miro frunciendo el ceño.

De su psicólogo a su novio © [#2] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora