Oh, hermosa vida!

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El sol brilla desde atrás de los edificios y me da en la nuca, más suave por ser ya tarde, pero aún así es molesto. Después de caminar el circuito de todos los días hacia el supermercado, me veo en esa situación atípica de mareo temporal, que parece no tener razón de ser, pero alguna tiene. Dura sólo un segundo, pero parece más en el momento y, de haber durado más, ya estaría yaciendo sobre los adoquines de ese pasaje que tanto me gusta y no puedo saber el nombre, ya que su cartel no está ahí desde hace mucho.

Desafortunadamente llego sano y salvo al COTO. Cansado, nada más. Buena manera de empezar mi día laboral. 

Ni bien entro, el gerente Roman (Putoman, como me gusta decirle cuando no está), me recibe dándome un sermón sobre que alguien estuvo robando productos de las góndolas. Para mi suerte, ni se imagina que fuimos yo y Combo... Y hablando de Combo, dónde carajo está?

No es un día de mucha clientela, por lo que nadie me para cuando me escapo de la caja 15, mi caja, y voy a buscar a mi amigo. Dios, adoro a ese tipo. Combo es un estereotipo de gordo fumado de casi dos metros de altura con corazón noble, bastante freak también.

En el camino me cruzo con Laura, de la caja 4, es encantadora, y la traigo muerta por mí, pero no me interesa, aunque me gusta saludarla cuando la veo, para darle esperanzas.

--Laura... 

--...

Ya lo dije, muerta por mí. 

Al fin encuentro a Combo, durmiendo en el depósito. Cómo no lo imaginé? Ni bien abro la puerta el aire se vuelve pesado y con ese olor característico a planta quemada que yo no podría pagar.

 --Eeey! primera calidad hoy.

--Mierda! --Combo se sobresalta, lo desperté-- Pero mirá quién es! el infeliz de la gorra, mi tipo favorito-- Se ríe de su propio comentario, supongo que el porro todavía le hace efecto.

--De cualquier manera... no te esperaba hoy.

--Ya sé, es que tomé turnos extras para ganar algún mango más.

--Sí...

--Sí...

Nos quedamos así unos segundos, él perdido en su mundo y yo contemplándolo en su peor fase, aunque en lugar de pena siento envidia por él, siempre tan lejos de la vida real, tan en lo suyo. Pero definitivamente lo que más envidio de Combo es que tiene familia. Bueno, yo también, pero no así. Él tiene gente que se preocupa y lo cuida, van a verlo... un sueño. Yo en cambio acá estoy, solo en la vida, sin si quiera una mascota que no sea una cucaracha. Va, ni siquiera eso, Pinky tampoco viene más. Hermosa mi vida.

Por qué los Apteryx no vuelan.¡Lee esta historia GRATIS!