Capítulo 14

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Selena las vio marcharse en el coche y ella comenzó a llorar desesperada. La joven contratada se acercó a ver qué le pasaba, pero no pudo resistirlo y se fue corriendo, descalza, hacia el bosque.

¿Por qué habían sido tan crueles? ¿Qué mal podría ella hacer? El vestido comenzó a desgarrarse por los enganchones con las ramas y al final, quedó rodeada de harapos y echada sobre un tronco caído, con el rostro surcado de lágrimas. Estuvo allí durante un buen rato, sin darse cuenta de que las luces habían acudido e intentaban consolarla. Poco a poco, se fue calmando y levantó la cabeza. GranMadre estaba sentada allí, mirándola con pena.

Selena no se asustó al verla, pero no dijo nada. No podía ni hablar. Estaba tan destrozada como su vestido.

—Con esa cara no vas a poder ir al baile, niña.

—Y con este vestido tampoco —contestó ella hipando.

—Cierto, pero tal vez pueda ayudarte, si me dejas.

—Es imposible, Gran Madre. El vestido está roto, y yo...

—Nada es imposible para los seres luminosos y si hubieras venido a verme algún día, yo te habría enseñado lo que eres capaz de hacer. Pero, en fin, después de esto, espero que te des cuenta de tus orígenes. Vamos, levántate.

Selena se levantó desganada. El vestido caía destrozado y apenas conservaba la forma. Su cabello, largo y revuelto, le tapaba la cara. Su tristeza era tal que las hierbas de su alrededor se estaban secando.

—Selena, extiende los brazos y cierra los ojos. Ayúdame. Piensa en el vestido más bonito que pudieras elegir, piensa en el color, en la tela e imagínate cómo irías peinada y cómo serían tus zapatos. Solo visualízalos.

Ella obedeció, cerró los ojos y pensó que pertenecía al bosque y, por ello, le gustaría un vestido de color claro, con flores bordadas que parecieran naturales, pero todo de forma muy discreta. En cuanto al cabello, le gustaba suelto, quizá con una o dos flores en él.

Abrió los ojos y se maravilló de lo que vio. Llevaba puesto un vestido largo, todavía mejor de lo que había soñado. Llevaba la espalda al descubierto y un discreto escote. La falda tenía flores bordadas en un tul transparente, y debajo, la tela era de color blanco roto, y de gran calidad.

—¿Cómo? —exclamó ella— ¿Cómo es posible?

—Mírate los pies —dijo la GranMadre con satisfacción.

Selena asomó los pies debajo de la falda y vio unas preciosas sandalias transparentes, que parecían de cristal.

—No puedo creerlo —dijo ella emocionada y dio una vuelta haciendo volar su vestido. De repente, todo el pasto que había bajo sus pies había florecido de una forma brillante e increíble.

—Le diré a Diamante que venga a buscarte, ¿podrás montar?

—Claro que sí, no sé cómo agradecértelo.

—Espera, Selena. Para que no te reconozca tu familia, deberás estar atenta y ocultarte de ellas. Hay un pequeño hechizo de dispersión, pero solo dura hasta las doce de la noche. Si te quedas más tiempo, ellas sabrán que has ido, y es posible que te avergüencen.

—No es problema, solo quiero ver a Henry.

Un trote ligero indicó que el caballo blanco de Selena, Diamante, había llegado. Ella se montó a pelo sobre él y volvió a mirar a GranMadre con agradecimiento.

—De verdad, gracias... esta magia... tal vez algún día pueda aprender...

—Claro, Selena...

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