31| Viaje.

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Cap. 31| Viaje.

Maratón 3/3

POV: Alma.

Marco otra vez al teléfono de Abraham.

No me contesta, me quedé preocupada cuando se fue tan apresuradamente de la gala.

Y aunque dijo que todo estaba bien, algo en sus ojos me hizo saber que no era así.

Daniel me está llevando a la casa de Abraham, mi tía se encuentra en el asiento del copiloto.

—¿Aún no contesta?

—No—murmuro—Es raro, ya que él siempre contesta el celular. Sólo lo pone en silencio cuando está trabajando.

Esto no me da buena espina.

Daniel se detiene frente a la casa de Abraham.

—Nos avisas si sucede algo, ¿de acuerdo?—dice mi tía.

—Entendido—digo.

Bajo del auto y me dirijo a la puerta de entrada.

Daniel y mi tía se marchan mientras yo me dispongo a buscar la llave en mi bolso, Abraham me entregó una.

Al abrir la puerta me adentro al lugar, las luces están apagadas, por lo que debe estar acostado, dijo que no se sentía bien.

Me dirijo hacia la habitación, pero me detengo en seco al escuchar un gemido por parte de Abraham.

Alzo las cejas.

Pienso que se está dando autoplacer, pero la idea queda totalmente descartada al escuchar un gemido femenino.

Doy un paso hacia atrás.

Nuevamente escucho gemidos por parte de ambos y siento como mis ojos se llenan de lágrimas.

«No... Abraham no sería capaz de engañarme. Debe ser mi mente jugandome una mala pasada»

Entonces la chica gime su nombre y es ahí cuando las lágrimas corren por mis mejillas.

«No, esto no puede ser»

Estoy por darme la vuelta y marcharme cuando escucho que el gime mi nombre.

Frunzo el ceño.

Tomando valor, en lugar de marcharme me dirijo a la puerta de su habitación.

La abro de golpe, haciendo que produzca un estruendoso ruido al estrellarse contra la pared.

La chica que parecía estar pasándola en grande sobre él se hace a un lado para ver quien ha entrado.

Al ver quien es aprieto los puños.

—Tú...—murmuro mirándola, ella me sonríe de lado.

—Ha llegado la huérfana—dice y mi respiración se acelera.

Siento rabia, tristeza, decepción, enojo e impotencia. Todos estos sentimientos me causan un gran dolor en el pecho.

La ignoro y fijo mi mirada en Abraham, quien no se ha movido mirando fijamente el techo.

—Abraham—digo con voz ahogada—¿Por qué me has hecho esto? ¿Por qué?—lágrimas corren por mis mejillas. Él sigue ignorandome, lo cual me hace enojar. Me acerco a él y lo sacudo—¡¿Por qué, joder?!

En ese momento él gira su rostro hacia mí, dejo de sacudirlo cuando lo noto ido, con las pupilas dilatadas y con la mirada perdida.

Él frunce ligeramente el ceño.

De su psicólogo a su novio © [#2] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora