30| Obsesión.

8.9K 892 486
                                              


Cap. 30| Obsesión.

Maratón 2/3

POV: Killiam A.

Conduzco hacia la casa de Alma, hoy es la gala en el restaurante de su tía.

Acordamos que la pasaría a recoger para llegar juntos.

Me muero por ver que vestido escogió, todos le quedaban de infarto. Al final me hizo salir de la tienda para pagar el vestido para que no pudiera verlo, entonces yo hice lo mismo a la hora de pagar el traje que escogí. Era lo justo.

Llevo lentillas, resultan algo incómodas ya que no estoy acostumbrado. Pero es manejable.

Me detengo frente a su casa, bajo del Jeep y toco el timbre.

La puerta no tarda en ser abierta por ella.

La miro de pies a cabeza y sucesivamente. Silbo.

—Gran poder de Dios—dice—¿De qué repostería te escapaste, bizcochote?

Río.

—Creo que de la misma que tú, bombón—la atraigo hacia mí, ella sonríe y estoy por darle un beso en la mejilla.

Pero ella gira el rostro y mis labios caen sobre los suyos. Sonrío de lado y atrapo su labio superior entre los míos.

Nos besamos por unos momentos, luego nos separamos.

Ella me mira a los ojos.

—¿Te has puesto lentillas, no?—inquiere.

Asiento.

—Sí, decidí probar, a ver que tal. Se siente algo incómodo, pero es normal ya que es la primera vez que las uso—me encojo de hombros.

—Te ves muy apuesto—dice.

Alzo una ceja.

—Las personas guapas no forzamos, me vería bien hasta con un saco de arroz—digo.

Ella ríe.

—Cuanta modestia en una persona—dice sarcástica.

—Sí, deberían darme un premio por eso—digo.

—Andando, señor modestia extraviada—dice haciendo que caminemos hacia el coche.

Subimos y lo enciendo.

—No vi que te midieras ese vestido—digo.

—Sí lo hice, sólo no te lo mostré. Desde que me vi en el espejo con él supe que era el que escogería—dice—Quería que te sorprendieras, ¿lo logré?

—Tu misión fue un total éxito—digo—Mira que no te llevé a tu habitación porque sé que nos están esperando.

—Luego puedes hacerlo—dice coqueta—Yo desde que te ví quise sacarte la corbata y atarte a mi cama.

La miro de soslayo, sonriendo.

—Diablos señorita—digo y ella ríe.

No tardamos mucho en llegar al restaurante, el cual debe estar lleno de personas.

Aparco, bajo del coche y ayudo a Alma a bajar. Ella entrelaza su brazo con el mío y nos adentramos al lugar.

Busco a mis padres con la mirada, al verlos me acerco a ellos. Rosanne y Aaron están a su lado.

De su psicólogo a su novio © [#2] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora