Su mirada es dura, y me escrutaba con ellas con detenimiento.

Me quedé quieta en mi lugar. ¿Qué hace aquí?

Quería preguntarle cómo había llegado allí, con que fines había ido a la casa de Stephane. Pero en cambio mi lengua se encuentra trabada.

Estoy más demasiado sorprendida. 

–Sé que tienes muchas dudas en la cabeza, y pienso aclararlas todas —dice Emma. 

Ella se acerca a mí y toma mi mano, la aprieta con fuerza, pero yo no puedo corresponderla. La miro a los ojos, en silencio y ella al parecer lo comprende, porque de inmediato me suelta la mano y me da la espalda. 

Une sus manos tras su espalda y se mueve de un lado para otro, es muy obvio que está nerviosa. 

Vuelve a darme la cara y me enfrenta, su rostro esta rojo, por furia, vergüenza, en verdad no lo sé. 

— ¡¿Dime algo, no te quedes callada?! —exclama. 

Los sentimientos crecen en mi interior, la miro a los ojos y me acerco a ella, y sin poder evitarlo, descargo todos esos sentimientos de confusión en su mejilla. 

Mi mano palpita cuando me alejo de ella, ella tiene una mano encima de su mejilla roja, siento el impulso de pedirle perdón pero no lo hago. 

—Me lo merecía —susurra con los ojos cerrados. 

Se sienta en mi cama y yo decido hacer lo mismo. 

—Pregunta lo que quieras, tienes derecho de saberlo todo —dice nuevamente. 

Mi cerebro descodifica sus palabras a su antojo ¿Hay tanto que no se? ¿Acaso se estuvieron burlando de mis sentimientos todo este tiempo?

— ¿Hay muchas cosas que no sé? —pregunto, advirtiendo una vez más como mi corazón se rompía. 

Emma inclina su cabeza. 

—No, pero son cosas muy importantes —responde. 

Como el hecho que eres con quien me engaña mi novio. 

Cierro los ojos, esperando lo peor. 

— ¿Qué pasa entre tú y Stephane? —pregunto sin más rodeos, mi voz suena dura y sufriente.

Emma parece dudar, se muerde su labio inferior con fuerza y vuelve a alzar la vista.

—Quiero que me prometas que seguirás siendo mi amiga luego de la respuesta —suplica en un susurro —, eres lo más importante que tengo. 

Las lágrimas que estuve conteniendo se escaparon sin reparo de mis ojos, bajé la cabeza dejando que las lágrimas cayeran en mis piernas y no empaparan mis mejillas, ellas ya están muy marcadas. 

Emma toca mi mano nuevamente, y la dejo hacerlo, no aparto mi mano pero tampoco le devuelvo el gesto. 

Desvío mi mirada hacía ella y hay culpa impregnada en su rostro, sus ojos brillan por las lágrimas contenidas y sus labios están temblando. 

—No llores Michelle —suplica nuevamente—, no fue mi intención mentirte, lo hice por él. 

Oh Stephane, al que creí dueño de mi corazón, mi segunda mitad.

¿Fue acaso capaz de jugar conmigo de esa manera?

—No quiero que lo pienses mal Michelle —me dice en un susurro—, no puedo explicarte nada si sigues llorando. 

Sorbo por la nariz y alzo la vista, limpio mis ojos con mis muñecas y contengo mis lágrimas. 

—Ya-ya no lloraré —tartamudeo —, cuéntame lo que tengas que contarme. 

Alma Guerrera - Sin Editar¡Lee esta historia GRATIS!