26| Duele.

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Cap. 26| Duele.

POV: Alma.

Estamos en un sitio que me pone los pelos de punta.

Muy pocas farolas están encendidas, lo cual hace que todo esté algo oscuro.

Abraham se detiene frente a un bar, el cual se nota que sólo personas peligrosas lo concurren.

—Espérame aquí, no bajes del auto—dice.

—Este sitio no me da buena espina, iré contigo—digo quitándome el cinturón, él me detiene.

—Florecita, espérame aquí. No tardaré—dice, luego deja un beso en mi mejilla.

—Bueno...—murmuro.

Baja y se adentra al bar, en donde supongo se encuentra Danae.

Luego de un rato él sale del lugar con un brazo de ella por los hombros. Parece estar borracha.

Bajo y lo ayudo a adentrarla al auto y acostarla en el asiento trasero.

Subimos nuevamente a nuestros puestos y él arranca.

Suspira y lo miro.

—Esto se está saliendo de control, ella da cinco pasos adelante y retrocede diez—dice—Trato tanto como puedo en ayudarla, ya que sus padres en lugar se hacer eso lo que hacen es entorpecer más las cosas, ella necesita su apoyo, pero no se lo dan al mil. La ayudo y como psicólogo me frustro un poco por ver que no está avanzando en nada.

Coloco mi mano por sobre la suya, la cual está en la palanca de cambio.

—Tómalo con calma, eres un excelente psicólogo, pero debes saber que el que no quiere ser ayudado al cien porciento no dará los resultados esperados, eso me dijiste tú en una ocasión—digo—Además que...

Me callo de golpe al sentir algo frío en mi cien.

Danae me está apuntando con un arma.

Abraham se tensa frunciendo el ceño, detiene el auto.

—¡¿Qué demonios?!—dice—Danae, baja el arma—dice entredientes.

Ell traga saliva.

—No tengo opción, no me queda otra opción—dice a punto de llorar—Lo hemos hecho enojar y no me queda de otra que hacer lo que pide.

«¿Pero de qué carajos habla?»

—Danae, baja el arma. Créeme que esto sólo te podrá traer muchos problemas—digo tratando de que entre en razón.

—¡No! Si no hago esto los problemas serán peores, mucho más peores—llora—Ponle el seguro a las puertas y enciende el auto—le dice a Abraham. Él aprieta la mandíbula mirándola—¡Qué lo hagas!—dice quitándole el seguro al arma.

Con la mirada le pido que le haga caso, él lo hace y conduce siguiendo instrucciones por parte de la que ahora es "Danae, la curandera desquiciada".

Disimuladamente bajo el volúmen de mi celular, luego como puedo y sin que Danae se dé cuenta marco al 9-11. Lo que está haciendo esta chica puede que no termine bien y eso me asusta.

—Danae, baja el arma por favor. Baja el arma—digo, para que también puedan escucharme a través del celular—Se te puede escapar un disparo, reacciona.

—¡Cállate!—dice.

Llegamos exactamente al acantilado que Abraham y yo habíamos venido hace unos días.

De su psicólogo a su novio © [#2] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora