25| Madre mía.

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Cap. 25| Madre mía.

POV: Alma.

—Hurón araña, hurón araña, atrapa a todos con su telaraña, Huga la hurón albino araña, hurón araña—canta mi tía bajando las escaleras y agarrando al pobre hurón de sus dos patas delanteras y simulando que también baja las escaleras con sus dos patas traseras—¡Miren! Es Huga la hurón albino araña.

Río.

—Tía, deja al pobre hurón—digo.

Mi tía Jannet se lleva a ese hurón a todas partes en su bolso, al principio le dió unos cuantos sustos escabullendose en el restaurante y escandalizando a las personas, pero por ahora ha estado tranquilo.

Hasta ya lo considera su hijo.

Una buena noticia es que por ese hurón ella está saliendo con alguien, mis sospechas eran ciertas, las constantes salidas de casa de mi tía han sido para salir con Daniel Echeverry, otro reconocido chef el cual también tiene un hurón albino.

Y es que esto me hace creer en el destino, la verdad es que sí.

—Pero si a ella le gusta—dice—¿A qué sí?—dice alzando con ambas manos al cielo al hurón y poniendo voz chillona.

Sonrío mientras niego.

—¿Saldrás con tío Daniel?—digo divertida—Te has esmerado arreglandote.

Ella rueda los ojos.

—Saldré a cenar con Daniel, tal vez vuelva tarde—dice y se acerca a mí para dejar un beso en mi frente—Portate bien, pero si viene Killiam, puedes portarte de lo peor—dice pícara.

Me sonrojo ligeramente.

—Marchate tía, se te está haciendo tarde. No dejes esperando a tío Daniel—digo.

Ella me sonríe divertida.

Está a punto de abrir la puerta para salir cuando se detiene. Me mira por sobre su hombro, sin voltearse del todo.

—Alma, ¿se me notan las bragas?—pregunta.

Frunzo ligeramente el ceño.

—Pues no, no se notan—digo.

—Ah, cierto. Es porque no traigo—dice, luego me guiña el ojo, sonriendo.

Juro que mis cejas suben hasta el nacimiento de mi cabello.

«Ah, carajo»

Y con una sonrisa de lo más pícara sale de casa.

—Madre mía—digo mientras río suavemente.

Me quedo sola en casa, además de que no sé que hacer y estoy aburrida.

Tomo mi celular para llamar un rato a Abraham.

Al tercer tono contesta.

—Petite Fleur—dice, y su voz por celular suena más ronca.

«Uff» pienso.

—Príncipe, ¿qué haces?—digo.

—Ahora nada, acabo de salir de una celebración en la playa, unos socios de mi padre estaban celebrando su aniversario y han invitado a mi familia—dice—Estaba por encender el auto y ir a casa. ¿Tú qué haces?

—Oh, bueno. No estoy haciendo nada—digo y suspiro recostando mi cabeza en el espaldar del sillón.

—Ese suspiro es de aburrimiento—dice—Si quieres te ayudo con eso.

De su psicólogo a su novio © [#2] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora