Mariposa Efímera

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Como una supernova que explosionó hace millones de años desapareciendo en el universo que formó, lleno de pequeñas partículas de luz en plena expansión. Átomos, moléculas y células que formaron vida en una violenta creación, en un letal parto que arrasó cuanto halló a su paso haciendo que se uniesen principio y final. 

Así me sentía yo, un diminuto punto de luz cuyo tiempo se agotaba, mi energía se apagaba y la muerte, estaba cada vez más cerca. Y yo sería como esa supernova que una vez existió y nadie recuerda hasta que algo sucede e irrumpe en su trayectoria. Todo tiene un orden o eso se supone. Almenos yo no tendré que ver como mi piel se marchita y se arruga, no necesitaré gastar dinero en tratamientos de belleza para mantenerme perfecta según se estipula. Eso es algo que dejo de importarme desde que escuché las fatídicas palabras que cualquier joven creé que no escuchará jamás o almenos no durante mucho tiempo. Solemos creer que somos eternos, pero nada más lejos, somos tan frágiles como un suspiro, efímeros, quebradizos cuál mariposas de hermosas alas. Nos pensamos invencibles cuando un ser microscópico es mucho más peligroso que todo el ingenio de nuestros cerebros. 

Pirámides alimenticias, que ridículo pensar que estamos arriba, todo tiene su depredador. ¿Vivir para siempre? ¿Querría salvarme? ¿Cuánto me quedaba? Mejor seguir absorbiendo cada instante con intensidad, apreciar el regalo de cada día y nutrirme de cada experiencia como dorados rayos de sol. Enamorarse ahora sólo era una locura, daba igual lo rápido que palpitase mi corazón, las sonrisas tontas que estiraban mi cara tiñendo de rubor unas mejillas normalmente pálidas, daba igual el tesoro de cada recuerdo y la felicidad que llenaba mi pecho cuyos movimientos estaban contados... Vivencias, momentos... Instantes de vida intensamente compartidos, lo mejor de mi corta vida y el más doloroso a la vez por saber lo inevitable.

Y no temo por mi, mi pena, mi llanto y amargura son por como lo vivirá él, él que se quedará aquí y deberá seguir sin mi. Llegará un instante en que no seré más que un hueco vacío en la cama, el recuerdo de un perfume que se diluye, destiñendo poco a poco como un peso que se hunde en el agua. Olvidará mi risa, mi forma de besar, mi tacto, incluso el guiño de mis ojos... Y una vez ya no sea más que esa mota en mitad de su universo dejaré de ser algo real y tangible. Será el fin, la nada...

Lagrimas perdidas en la arena, una brisa, el aire que se enreda entre el pelo y se cuela en tú aliento.

Polvo somos y en polvo nos convertiremos, energía que flota a la deriva transformándose como el universo que se abre sobre mi cabeza, basto manto cubierto de estrellas que nacen y mueren cada día. Rubíes rutilantes que dejan paso a lo nuevo para que lo obsoleto desaparezca, un ciclo sin fin que se repite hasta la saciedad...

Hasta que todo explosione en fuego, sangre y luz.

Mis párpados se cierran y me niego a dejarlos caer, temo que esta pueda ser la última vez y sólo quiero un poco de tiempo. Un tiempo imparable que no entiende de sentimientos ni emociones, no hace distinción como tampoco lo hace la muerte. Un instante que se me escapa sin poderlo evitar y sé qué cuando deba suceder, pasará este dispuesta o no. En eso no podré hacer más que luchar hasta agotar las fuerzas aunque lo acepte. Yo ya estoy perdida, así que mejor que dediquen esfuerzos en otros. Pero mi amor... 

Él no quiere tirar la toalla, su deber como médico se lo impide, el quiere vencer como hombre y profesional pese a saber la verdad y eso lo hace aún peor, ver su sufrimiento me desgarra el el alma... 

Su pasión, su devoción y dedicación son inconmensurables, una caricia intangible que me arropa el espíritu frágil y ligero como un globo a punto de emprender su velo entre las nubes. 

Ya le dije que yo no era la opción, que no se fijase ni se enamorase de mi pero el muy idiota no hizo ni caso arrastrándome con él a su locura de amor cayendo en estampida dentro de una vorágine vertiginosa de emociones impagables y justo cuando hallé lo más grande mi fin llegaba.

Todo empezó hacía tres meses, cuando aún no estaba postrada en esta cama, acarició su rostro en la foto que nos hicieron en la playa, esa a la que me emperré en ir antes de que mis pies y manos ya no pudieran sentir la textura de la arena escurriéndose entre los dedos.

Quiero besarle una vez más, hundirme en su piel y su aroma a brisa, sentir su calor colmarme hasta que no quede nada más y mi universo lleno de estrellas vaya quedando estéril, con el único tono negro que tienen sus ojos y entonces suelte mi mano susurrándome al oído lo único que me llevaré conmigo en ese estallido final de esta supernova que dará paso a otra.

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