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sabías que en la vida todo no era aburrido, muchas personas parecían disfrutar de las suyas, siempre les ocurrían cosas interesantes que parecían de película o de ensueño. tú... estabas lejos de ser como ellos, tu vida sí era monótona y cada día te despertabas y suponías qué cosas iban a suceder, y acertabas, era tan aburrido.
tenías un pequeño grupo de amigos que parecían hacer cosas más interesantes y se divertían, ¿por qué tú eras el único bicho raro que rogaba porque le pasara algo bueno al menos cinco minutos?
¿era mucho pedir?
te levantaste de la mesa con fastidio, tenías sed, ibas a comprar un jugo en la máquina expendedora (y quizá algunos snacks... o podrías irte a la cafetería, quién sabe), avisaste a tu grupo que irías a hacer eso y te alejaste de aquel patio. por los pasillos siempre habían máquinas de esas, tal vez demasiadas y no entendías por qué.
...uh, debías dejar de pensar en tantas cosas así, ¿tan aburrida eras?
— ¿por qué todos parecen tan animados y yo parezco un muerto? — farfullaste, aprovechando tu soledad en los pasillos, sacaste una moneda y te de tuviste frente a la dichosa máquina, inspeccionando qué había y qué habrías de comprar. genial, tal vez gastarías más de una moneda, pero hey, así mejor, ¿no?
ante ese pensamiento, sacaste tu monedero, y al sacar otras tres monedas, algo se te cayó, un tonto papel inservible que guardabas ahí por razones que desconocías y de paso unas dos monedas. ah, cierto, aparte de aburrida, tenías mala suerte.
con molestia fuiste a recoger una, y al encontrar la otra, caminaste hacia ella y al querer tomarla, escuchaste unos quejidos muy bajitos dentro del salón a tu lado; con confusión volteaste tu mirada y te asomaste ligeramente por la puerta y...
¿eh?, ¿qué estaban haciendo ellos dos ahí?, por 'asco', carraspeaste para llamarles su atención, sólo que, al ambos voltear, observaste a una hermosa chica jadear, su cuello con dos... marcas que goteaban sangre y el chico mirándote con molestia, en la comisura de sus labios recorriendo un hilo rojo.
¿eh? — mierda, nos ha agarrado una chica, ¿cómo has podido ser tan tonto y no cerrar la puerta?, ¿ahora qué? — regañó la fémina, con enojo. tú sentiste tu respiración detenerse al ver cómo él se acercaba a pasos lentos pero firmes hacia ti.
— n-no, espera, yo no... yo no quería interrumpirlos, yo... — antes de seguir explicando, él te tomó de los antebrazos y te levantó, pues habías estado agachada buscando la maldita moneda... y te metió al salón, encerrándolos a los tres.
... HABÍAS PEDIDO ALGO INTERESANTE, NO ALGO QUE TE PUSIERA EN PELIGRO. casi empiezas a llorar por el pensamiento, no puede ser, no sabías ni qué pensar, primero, los vampiros existen y tú atrapaste (por tirártela de listilla) a uno, la otra mujer te veía con recelo y superioridad y no lograbas descifrar la mirada del... ¿vampiro?
tenía tu mismo uniforme, ¿cómo mierda no te habías enterado antes?, ¿o cómo nadie se había enterado?
— ¿y bien?, ¿no vas a decir nada?, los humanos son tan irritantes, interrumpen a propósito y ni siquiera dicen nada después. — gruñó, apretándote los hombros al punto de que te dolían, tú soltaste un quejido y ni siquiera supiste de dónde (y por qué) le diste un manotazo. tu mano ardía por el fuerte golpe en su mejilla, y el mismo joven parecía sorprendido de tu acción.
oh, no.
— bien, fue suficiente contigo. me las vas a pagar de ahora en adelante.
¿por qué tú?
— no sé si seas útil, pero haré que lo seas para mi. — alzó una ceja, básicamente te iba a usar a su conveniencia.