22| Esfera.

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Cap. 22| Esfera.

POV: Killiam A.

Cada vez que podíamos Alma y yo salíamos a pasear, veíamos una película y realmente las cosas entre nosotros no podrían estar mejor.

Bendito el día en que casi la aplasto con mi auto.

Bueno, eso no sonó del todo bien, pero yo me entiendo.

En estos momentos ella está muy enojada conmigo, ¿por qué?

Estábamos en su habitación, yo tenía una pelota maciza la cual lanzaba a la pared de enfrente y luego atrapaba. Alma me advirtió que si rompía algo me las vería con ella, no le hice caso y dos minutos después no logré atrapar la pelota y rompí una esfera.

¿Lo peor? Era de su hermana.

¿Cómo me siento? Como la mierda.

Ella se puso de pie rápidamente y se quedó mirando fijamente la esfera destruida.

Yo no hacía más que tartamudear unas disculpas y ella sólo me dijo que me marchara.

No alzó la voz, de hecho lo dijo en un susurro y lentamente. Lo cual me hizo maldecir mentalmente, pensar en lo idiota que puedo llegar a ser y que lo acabo de joder.

Eso fue hace cinco días y aún está enojada conmigo, lo cual entiendo.

Estoy tratando de darle su espacio, ya que no fue cualquier cosa la que rompí. Espero que el enojo se le pase pronto, aunque lo tengo en duda, Alma en ocasiones parece hija de Chucky.

El día sexto se lo conté a Tom y me ha dicho:

—Segunda novia y esta no te duró ni tres meses—luego rió a carcajadas, pero al ver que lo estaba mirando mal paró—Bueno, bueno, intenta enmendarlo. Aunque con tremenda metida de pata ni con grúa vas a poder sacarla.

Sí que sabe dar ánimos, nótese el sarcasmo.

He estado buscando en todo Manhattan una esfera parecida y no he encontrado. Viajé a Chile al noveno día a comprar una de estas dichosas esferas, ya que únicamente ahí es donde las hacen idénticas a las que tenía Alma.

Realmente no entiendo mucho, ¿por qué sólo ahí se encuentran estas esferas? No le di mucha mente al asunto, sólo estaba desesperado por enmendar lo que hice.

Por suerte pude encontrar lo que buscaba, volví a Manhattan y tan pronto llegué tomé una ducha y fui a su casa.

Toco el timbre y escucho pasos acercarse. Quien abre la puerta es Jannet, la cual alza una ceja al verme.

Me dispongo a decirle algo pero ella lo hace antes que yo.

—Ella no está tan enojada, es más, citaré sus palabras: “es un idiota, pero estoy extrañando al idiota y por alguna razón el enojo no me duró mucho tiempo con el idiota”—dice.

Vaya, es la primera vez que soy llamado idiota tantas veces en menos de tres minutos.

—Entonces, ¿ya no está enojada?—inquiero.

—Sólo un poquito, pero no le digas que te dije. ¿De acuerdo?—dice y me guiña el ojo.

—De acuerdo—digo y sonrío de lado.

—Ven, tocaré su puerta por ti. Quizás si sabe que eres tú no te abra. Es algo terca—dice.

—He llegado a saberlo—digo divertido—¿Y Jannet?

—¿Sí?

—Es usted genial.

Ella sonríe ampliamente.

De su psicólogo a su novio © [#2] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora