Capítulo 10

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—Madre, me niego a hacerlo —dijo Tersya con el ceño fruncido.

—¡Eres una estúpida! —dijo Giselle cogiéndola del brazo y sentándola en la silla. Su hermana Tanya las miraba sin atreverse a decir nada.

—¿Es que no quieres casarte con el príncipe? Eres la más parecida a Selena, tu hermana está demasiado rellena.

Tanya se sonrojó y aguantó como pudo las lágrimas que amenazaban por salir. Sabía que era una continua decepción para su madre. Cuando hicieron el cambio ambas hermanas, Tersya quedó delgada, estilosa, mientras que ella, que se parecía a su padre, no creció mucho y pagó la desilusión de su madre refugiándose en la comida. Estaba segura de que su madre la odiaba. Al principio intentó ser amiga de Selena, pero ella siempre estaba trabajando, y encima, era demasiado guapa. También le cogió manía. Así que se refugió en los bollos y en su habitación.

Giselle agarró a su hija mayor y la echó sobre el lavabo, sin que tuviera opción de seguir protestando. Su plan era fácil. Los tíos de Dyon hacía al menos seis años que no veían a Selena, ni siquiera fue al entierro, estaba destrozada. Y su plan era que se casase con el príncipe Guillermo Henry Wastange, esa era su meta. Como no había conseguido ser reina, su hija lo sería. Pero claro, ellos estaban emperrados en que se casase con la hija de su sobrino, con Selena. Así que, como ambas eran de la misma edad, y tenían los ojos azules, había tenido la idea brillante de teñir el cabello de Tersya de rubio, ya que ella tenía el cabello oscuro. Así, se haría pasar por la otra, y podrían llegar a casarse.

—Pero ¿y Selena? —dijo Tanya—. ¿No se dará cuenta?

—No, tú te encargarás de entretenerla en la buhardilla mientras están las visitas. Habla con ella, sois jóvenes, seguro que tenéis algo en común, piensa un poco, aparte de comer bollos.

La joven volvió a sonrojarse por el cruel tono de su madre y se marchó de la habitación. Bajó a la cocina y cogió varios dulces. Si es así como su madre la consideraba, así sería. Se fue llorando a su habitación.

Giselle suspiró. Ella había aprendido a teñirse el cabello cuando empezaron a salir sus primeras canas y no quería que nadie lo supiera. El servicio hablaba demasiado. Por suerte, ya no quedaba nadie de sus anteriores dueños, solo el mozo de caballerizas, pero él nunca entraba en la casa. Los demás eran fieles a la nueva dueña. A ella.

Pronto, el tinte hizo efecto. Echó también un poco en sus cejas y al cabo del rato, Tersya ya lucía una impresionante melena rubia, color rubio ceniza, como la de Selena.

—Estás impresionante, bellísima —dijo la madre admirando el suave cabello—. Te faltará algo de maquillaje, pues esta niña tiene el color de los terráneos y tu piel es delicada, pero muy pálida.

—¿Crees que seré reina, madre? —dijo la nueva rubia mirándose al espejo con coquetería.

—De eso me encargaré yo.

Después de estar arreglándose durante dos horas para parecer Selena, los invitados llegaron. Tanya se llevó arriba a la joven y la estuvo entreteniendo para que no bajase al salón.

El anciano tío de Dyon y su esposa, los duques de Satla, una provincia al norte de Vlatvia, abrazaron a la que suponían que era su sobrina. Tersya tenía los ojos azules algo más oscuros, pero era muy bella y, ahora que su cabello era como el de Selena, no podían distinguirla.

La joven sirvió el té atentamente a sus supuestos tíos y Giselle fue encantadora. Una de las doncellas que les asistió se asombró de verla tan amable.

—Verás, Giselle, deseamos que Selena se despose con el príncipe Guillermo, al no tener consanguinidad es posible, y así el reino quedaría en la familia.

—Sería todo un honor para ella. Desde que murió su padre, vuestro sobrino, ha estado tan triste que no quiso ni salir a estudiar. Le ha costado mucho recuperar su buen talante. Incluso ahora, ella ha cambiado.

—Sí, ya lo vemos —dijo la duquesa—. Recuerdo a una niña con una alegría contagiosa. Pobre niña, perder a su madre y a su padre...

—Por suerte mi padre se desposó con mi segunda madre. Sin ella, no hubiera podido salir adelante —dijo la falsa Selena.

Giselle se recostó satisfecha. La había aleccionado bien. Los duques asintieron y agradecieron sus cuidados a la mujer.

—Sin embargo, hemos tenido muchos problemas económicos, debido a algunas gestiones que quedaron incompletas, y tuvimos que despedir a muchos empleados —Giselle bajó la cabeza para parecer triste y desesperada.

—Eso no puede ser —dijo el duque indignado—. Mi sobrina no debe pasar ningún tipo de apuro. Desde mañana mismo tendrá una asignación generosa que puede utilizar para sus estudios o para arreglar la casa, si ella lo desea.

—Dyon se entristecería mucho si viera el estado de algunas cosas, aunque reconozco que son ustedes extremadamente limpias —dijo con aprobación la duquesa.

Giselle asintió y se enjugó una lágrima falsa. Ya estaba contando el dinero que le iban a pasar a Selena. De todas formas, ella controlaba todo.

—Y, cuando se case con el príncipe —siguió el duque—, estamos seguros de que hará una generosa donación para la reforma de la casa. No le gustaría que la mujer que ha criado de forma tan altruista a Selena, pasase ningún apuro.

La mujer tenía ganas de saltar y de gritar, pero solo sacó una pequeña sonrisa tímida de agradecimiento. Sus planes iban de maravilla.

Cuando se fueron los duques, no sin antes regalarle a Selena un elegante collar cuajado de zafiros, las dos se tomaron de la mano y se pusieron a bailar.

—Madre, ¡lo hemos conseguido! —dijo Tersya— ¡Voy a ser reina!

—Y yo la madre de la reina. Haremos muchas cosas buenas y, sobre todo, nos haremos ricas.

Tanya había dejado a Selena entretenida en la buhardilla y ella bajó a espiar un poco. Tenía curiosidad. Al final, lo habían conseguido. A pesar de todos los celos que sentía por Selena, le daba pena. Su madre y su hermana le iban a arrebatar su futuro. Tomó un bocado de la tarta que llevaba y los remordimientos se fueron diluyendo en el azúcar.

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