21| Hurón Albino.

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Cap. 21| Hurón Albino.

POV: Alma.

Mi tía y yo pasamos el día completo juntas. Fuimos a la estética en donde dije que cortaran las puntas de mi cabello, pero terminaron dejándolo un dedo bajo mis hombros, cuando este me llegaba a la cintura.

Mi tía tuvo que agarrarme para no clavarle las tijeras en los ojos a Marla, la chica que cometió tal desfachatez en mi cabello, dijo que se confundió, que pensaba que fui yo quien pidió el corte cuando en realidad fue la chica que está a mi lado. Al final me calmé y me hice reflejos.

Al ver como queda mi cabello al final determino que me veo bien, mi tía sólo se hizo un flequillo. Nos hicimos las uñas, también fuimos de compras. Al llegar a casa y ver el mensaje que me dejó Abraham casi me da algo.

Ya he conocido a su familia en la parrillada, pero aún así estoy que me desmayo de los nervios. La otra vez fui sólo como amiga de Melody, pero está vez es diferente, iré como la novia de Abraham.

Me he puesto un vestido rojo, el cual me queda bastante bien, la verdad.

Retuerzo mis dedos mientras mi tía conduce hacia la casa de los Moore.

—Almita, tranquila. ¿Ya los conoces, no? Me dijiste que son muy amables, no hay porqué tener miedo, entonces—dice.

—Trato de tranquilizarme, pero no lo puedo evitar. Los nervios me dominan—digo.

—Todo va a estar bien, ¿Okay?—dice.

Suspiro.

—Okay—digo—Entonces...

Me veo interrumpida por el brusco frenazo que ha dado mi tía, si no fuera porque teníamos los cinturones hubiesemos salido volando del coche.

—Oh, no...—dice con los ojos muy abiertos.

—¡Tía! ¿Qué pasa?—inquiero con el corazón a mil.

Ella baja del coche rápidamente y la imito.

Se detiene frente al coche en donde hay un hurón, un hurón albino.

Frunzo el ceño.

—¿Pero qué carajos hace un hurón albino aquí y en medio de la carretera?—digo.

Mi tía se agacha a recogerlo.

—No lo sé, pero me lo quedo—dice.

Volteo a verla.

—¿Qué? ¡No puedes!—exclamo—Quizás se le perdió a alguien y lo esté buscando, puede tener rabia o algo peor.

—Lo llamaré Hugo el hurón—dice.

—Tía, ¿me estás escuchando? No podemos quedarnoslo.

—Tiene una pata herida. Miralo, Almita. ¿No te da ternura?—dice.

—No, tiene ojos que parecen del mismísimo demonio, dan miedo—digo frunciendo el ceño.

Ella rueda los ojos.

—Es normal, así son los hurones albinos—dice.

De su psicólogo a su novio © [#2] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora