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Pen Your Pride

La mañana siguiente voy a clase con la cabeza agachada, llevo un simple cuaderno entre mis brazos, pero lo agarro contra mi pecho como si fuera mi bote salvavidas.

Me he pegado la noche en vela pensando. ¿Adivinen en quien pensaba?

Claro, en Dan.

Ese maldito chico que no para de fastidiarme pero me hace sentir cosas nuevas, tan  extrañas pero satisfactorias…

Cada vez que pienso en sus malditos labios suaves, mi estomago da un vuelco hacia el vacio.

Entro en clase, y como siempre, esta prácticamente vacía. Debo haber llegado demasiado pronto.

Me siento en el mismo sitio de todos los días, y como ayer, el pesado de James se instala en el sitio de Dan, restregando su sucio culo por donde antes había pasado el de mí chico, sonrió al ver cómo suena eso: Mi chico.

-          ¿Así que fuisteis vosotros los que armasteis semejante escándalo ayer, eh? – se apoya en mi mesa, curvándose hacia atrás en la silla.

-          ¿Qué? – pregunto extrañada.

-          Intentasteis escapar – dice él – ¿a que tarado se le pasa por la cabeza esa idea?

Las palabras del chico león de ayer vienen a mi cabeza: ‘’ No sois los únicos mutantes de este lugar’’

Me pregunto a que se refería, no digo que el resto de mis compañeros no puedan tener un animal latente en el interior, pero se me hace extraño que alguien más sea como nosotros.

-          ¿James…? – la curiosidad me concome los sesos – tu…

-          ¿Qué si se transformarme como vosotros en un animal tan grande como un león? – sonríe acabando la frase, asiento con lentitud – claro que no.

-          Entonces, vosotros no sois mutantes – una sonrisa triste se instala en su expresión, dándole el aspecto de estar desolado.

-          Digamos que somos unos mutantes de menor rango – se levanta justo cuando por la puerta entra Dan con cara de dormido – nos transformamos en animales más pequeños, pájaros, ratones, gatos... El animal más grande que encontraras en este lugar es Leo, el guardia del bosque.

Dicho eso se aleja con las manos en los bolsillos, al pasar al lado de Dan, que viene con furia hacia nosotros, le sonríe descaradamente.

Dan se sienta delante mía, y apoya la espalda contra la pared, cerrando los ojos frustrado. Deja escapar un suspiro largo.

Cuando los abre, le sorprendo inclinándome hacia delante con rapidez, le cojo del cuello de la camisa con ambas manos, y hago que se acerque a mi peligrosamente.

Beso sus labios, y noto como después de la sorpresa, él me agarra la nuca y tira hacia él. Explora lentamente, pero su beso se suaviza poco a poco.

Me separa de él, y junta nuestras frentes, mantiene los ojos cerrados, y se muerde el labio inferior tratando de ocultar una sonrisa.

Su pulgar traza círculos en mi nuca.

-          ¿En qué piensas? – pregunto inocentemente al ver su sonrisa disimulada.

Sus ojos se abren, y maldigo en mi interior y en toda su persona, voy a acabar matando a la maldita parte animal de Dan, no para de dejar dominarse por su segundo instinto y eso me cabrea mas que a nadie, porque la que va a salir mal parada voy a ser yo.

Cuando ve mi expresión, sus ojos se destiñen y vuelven a ser los claritos de siempre

-          En que – su voz sale ronca – tienes suerte de que haya una mesa por medio… - me sonrojo rápidamente sin quererlo, un maldito calor agradable se extiende por todos mis miembros – porque sino…

-          ¡Hey chicos! – la voz de Maya interrumpe la declaración de Dan, y nos separamos con movimientos lentos.

Me paso la mano por la nuca incomoda, al no sentir el calor de la piel de Dan sobre mí.

-          Hola Maya – refunfuña Dan molesto mientras se vuelve a apoyar en la ventana.

Miro por ella mientras entran todos en clase, y solo cuando oigo una voz nueva me giro hacia delante para escuchar a mi profesor hablándome de la reproducción en plantas: Apasionante.

Después de tres malditas horas de clase nos vamos hacia el recreo contentos. Al salir del aula, Dan se adelanta y agarra mi mano sonriendo y caminando a mi lado. Pero lo que veo a mitad de pasillo, me deja prácticamente paralizada en mi sitio.

Lo primero que veo es una espalda ancha cubierta por el uniforme del internado, que se mueve arriba y abajo por una risa. Es Leo, el chico león, cuya melena cae con gracia hasta sus hombros.

Como si supiera que yo estaba allí, se da la vuelta, y me sonríe, dejando ver con quien está hablando casi con descaro.

Por un momento trato de procesar la información, y cuando descifro las caras de las dos personas que rien con él, mi corazón cae por los suelos:

¿Papa? ¿Mama?

La sonrisa en el rostro de mi madre se acentúa cuando me ve al final del pasillo, y despidiéndose del chico, viene hacia mí con mi padre a su lado.

No sé qué hacer, casi soy incapaz de pensar mientras caminan. ¿Qué hacen ellos aquí?

Noto como alguien aprieta mi mano pero eso se esfuma de mi mente como un pensamiento molesto cuando mi madre me abraza con cariño, y con toda la tranquilidad del mundo, como si solo ayer se despidieran de mí en casa.

Mi padre mira con molestia al chico que sigue a mi lado, pero luego me da un tierno beso en la frente.

-          ¿Cómo estas hija? – dice mi madre cruzándose de brazos mientras papa le pasa un brazo por los hombros.

Son ellos Ana, reacciona, son tus padres.

Pero la rabia crece en mi interior sin quererlo, casi un mes sin vernos, unos científicos locos me secuestran y ellos me saludan con un simple, ¿Cómo estás?

Como si yo acabara de volver de dar una vuelta con mis amigos y no hubiera sufrido una mierda toda esta historia. Lagrimas crecen en mis ojos.

Dan lo nota y me abraza los hombros tratando de reconfortarme.

-          Sabes…- dice mi padre mirando a cada lado del pasillo – al principio no nos parecía buena idea que tu tío quisiera mandarte a un internado. Pero la gente es realmente maja aquí.. – se refiere a Leo, al cual mira y saluda con una mano. El león saluda con una sonrisa, casi entrecerrando los ojos con su falsedad parado en el otro extremo del pasillo, casual. ¿No me va a dejar nunca en paz con tantas mentiras?

-          Me dio pena no poder despedirnos – suelta mi madre con dulzura – pero gracias a Dios que tu tío nos ha dicho que hay un día para visitas cada mes, no podía aguantar a verte – levanta las cejas. No es su culpa, me dice mi cerebro, ellos son los primeros a los que han mentido.

Sonrío y me lanzo a abrazar a mis padres.

Puede que ellos no sepan nada y que no puedan hacer nada por arreglar lo que nos están haciendo, pero no los soltare, no hasta que llegue el momento de volar. 

***

¿Quien me quiere por subir capitulo hoy? todas verdad hahahaha. 

bueno disfrutad del capitulo y gracias por leerme, me alegrais los dias. Regaladme un comentario y un voto. Yo os doy besitos a cambio <3

~Cova~

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