CAPITULO 3

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Llamé al timbre y me abrió mi supuesta abuela. No la reconocía.

-¡Elena, mi amor! -me abrazó.

-A...Abuela -le sonreí.

-Pasad, dejad las maletas al lado de la escalera y entrad al salón, está ahí la merienda.

Dejé las maletas donde esta dijo y me dirijí hacia el salón.

-Mamá, ¿y cuantos días vamos a quedarnos aquí? -dije sentandome.

-No mucho, tres días. -dijo dando un sorbo al café- ¿Por qué?

En realidad no sabía por qué. Supongo que sería curiosidad, quería saber como fue mi casa, mi hogar, aquí, en Mairena.

-¿Puedo dar una vuelta? -dije mirando la hora de mi movil.

-Claro, pero no vengas muy tarde -respondió mi madre levantandose.

Salí de la casa de mi abuela y miré a mi alrededor. ¿Dónde estaba? No me acordaba de esta parte del pueblo. Caminé por calles que no recordaba hasta llegar a un parque en el que estaba lleno de niños pequeños. 

Miré la hora. Las 17:45.

Me senté en el primer banco que vi.

Estuve varios segundos observando como jugaban los niños pequeños, pero dejé de mirarles al ver que un grupo de chicos de mi edad se acercaba a mi. Entre ellos destacaban dos chicos iguales, gemelos podría decir.

Recapacité unos segundos. ¡Eran los gemeliers!

Traté de no gritar para no espantarlos mientras veía como uno de ellos, Daniel, se sentaba a mi lado.

-Hola guapetona -dijo él- yo soy...

-Daniel Oviedo Morilla -terminé su frase sonriente.

-¿Gemelier?

-Un poco -dije riendo.

Se acercaron a nosotros Jesús y los demás chicos del grupo.

-Bueno, ¿y tú como te llamas? -dijo Dani mirandome a los ojos.

-Elena -dije alegre.

-¿Hola? Existo -rió Jesús- Dani, que los demás se han ido ya, me han dicho que te lo diga.

Miré a Dani, que este me miró y volvió a mirar a Jesús, el cual me miró a mi. Comencé a reirme, al igual que los otros dos.

-Me llamo...

-Calla, que te conoce -se burló Dani- Es gemelier.

-Vaya, ¿eres nueva aquí no? -dijo Jesús sentandose.

-Vivía aquí antes, pero me mudé -conté mirandoles- He venido a pasar el verano.

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