Capítulo catorce.

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-Esto no está saliendo como lo planeamos, Michael, y a Elena no le va a hacer ninguna gracia -dije a mi gemelo mientras me mordía el labio algo nerviosa.

El nombramiento de nuestra querida madre, estremeció a Michael. A pesar de sus ojos verdes -herencia de nuestro desconocido padre- y de nuestro pelo rubio -herencia de nuestra maternal madre-, jamás aceptaría que él y yo éramos gemelos.

Sus rasgos eran mucho más afilados que los míos, y aunque sonriese, la mueca que se le formaba le hacía parecer hasta cruel... Aunque parecía ser la única que lo notaba.

-No sé qué haremos, pero ella no debe enterarse de nuestro fracaso... Al menos, por ahora.

Sentí un frío apoderándose de mi estómago y tragué compulsivamente. -Quizá podamos arreglarlo... -me arreglé el pelo-, Tenemos que hacer algo para separarlos. ¡Ted no puede estar junto a esa zorra, teniéndome a mí!

La mueca divertida de Michael me exasperó.

-Estás celosa... Qué patética eres, Alexia...-él se rió cuando me sonrojé de la furia-. Tranquila, hermanita... Pensaré en algo mientras tú intentas recuperar la confianza del joven Grey.

Apreté los labios cuando él se levantó del sofá de mi amado piso y me miró con superioridad.

- Y recuerda lo que te dije, Alexia. No pierdas los nervios con el ricachón... Él es nuestro pasaje hasta su dinero -se puso la chaqueta y sonrió-. Deja de ser tan puta y mantén las piernas cerradas hasta que lo consigamos. No quiero que se repita lo del último tío.

Me sonrojé al máximo cuando recordé cómo el sensual desconocido había conseguido entretenerme. Por su culpa, no había podido interceptar a Aria y a Ted... Aunque había logrado un magnífico orgasmo.

-Deja de insultarme, marica -le solté, furiosa-. Lárgate con tu novio a comerle la polla.

Sabía que a él le molestaría aunque no lo demostrase, y eso me encantaba.

-Eso se te da mejor a ti, hermanita... -el idiota me guiñó un ojo-. Te avisaré de cómo han ido pasando las cosas.

Y sin despedirse, se largó, cerrando de un portazo la puerta principal. Me mordí el labio pensando en todo lo que había en juego y suspiré. Si esto salía bien, sacaríamos a nuestra madre de la cárcel... Y ella nos recompensaría con creces.

Aunque realmente lo único que yo quería era a Ted... A mi amado Ted... Y a nuestro hijo.

Sonreí. Alexander también sería mío.

******

Desperté con la mejor sensación del mundo. Dulces besos se repartían por mi espalda, y sonreí cuando su pelo me hizo cosquillas en la piel.

Me reí cuando ella se acostó sobre mí, pegando sus pechos a mi espalda y besó mi cuello.

Moví mi brazo hasta sus muslos, que descansaban a cada lado de mi cuerpo y acaricié su suave piel.

Gemí recordando el tiempo que hacía que no despertaba con esta felicidad clavada en el corazón.

-Buenos días, Sr. Grey...-la voz ronca a causa del sueño de Aria me encantó.

-Buenos días, Sra. Grey...

Ella rió y hundió su mano en mi pelo, tirando de mi cabeza hacia un lado para que pudiésemos darnos un extraño beso... Que me encantó.

Sentí sus pezones endurecer contra mi espalda, y gruñí de placer.

Obligué a Aria a tirarse sobre la cama para que pudiese encararla. Cuando estuve sobre ella, la besé con la pasión que sentía en ese mismo instante. Ella me respondió con la misma intensidad, y sólo nos separamos cuando el aire nos faltó.

Una luz para cada sombra. [Segunda temporada de Theodore Grey.]¡Lee esta historia GRATIS!