Capítulo 2. Lupas

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- Ejem, ejem...- en mi cabeza sólo soy capaz de prestar atención a ese sonido espontáneo. Levanto la vista y me fijo en que el profesor de química me mira con los brazos cruzados y la tiza en la mano.- Señorita, Sánchez... ¿sabría usted resolver esta fórmula?- todos mis compañeros me contemplan expectantes y yo decido levantarme a completar el ejercicio que hay en la pizarra.

Llego a la pizarra y resuelvo el problema lo mejor que puedo, es decir, lo clavo. No es que sea la empollona de la clase, ese puesto se lo reservo a Lucas el "Lupas" (llamado así por sus enormes gafas de culo de vaso, un juego de palabras), pero mis notas son realmente buenas en casi todas las asignaturas. 

Vuelvo a mi sitio y recibo un golpe suave y descarado en mi trasero por parte de Maxi, el chulo-putas de la clase... Sí, así lo llamamos todas las chicas de este instituto. No sólo porque es un verdadero mujeriego, sino porque también presume de haber perdido su virginidad en un prostíbulo. Habéis oído bien "presume" de algo así.

Me siento sin darle importancia al hecho y continúo dibujando en mi libreta de química el rostro de Paula. Trazo cada uno de sus rasgos con suavidad y cariño, e incluyo cada uno de los cortes que le hice en la cara, en los brazos y en su gran corazón. Detrás del folio de papel, escribo mis iniciales E.S y me guardo el retrato en la carpeta que llevo en la mochila. 

La sirena que da fin a la clase y a una larga mañana de estudios y lecciones, todos nos levantamos de nuestros respectivos lugares y salimos de clase. Bueno, yo intento salir, pero el profesor me detiene con sus firmes palabras.

- Señorita, Sánchez. ¿A dónde cree que va? Deseo hablar con usted sobre su ausencia en la clase de esta mañana. Y por ausencia me refiero a su comportamiento.- me doy la vuelta y me siento en el pupitre que hay frente a su mesa, dejando que se vea parte de mi muslo bajo al falda del uniforme. El profesor se sienta y comienza a recoger sus pertenencias, las guarda con nerviosismo en su cartera.

- No estaba ausente, señor. Como ha podido comprobar cuando he salido a la pizarra, he estado atenta a su clase.

- Puedo entender que esté nerviosa por lo de la muerte de la señorita Ruiz, pero eso no es excusa. Yo también hago un esfuerzo para...- empiezo a recogerme el pelo en dos trenzas, jugando con cada uno de los mechones y soltando suspiros de desesperación y aburrimiento.- Hablaremos...- traga saliva- ...mañana. Tendremos una charla en presencia del director.- esta vez soy yo la que traga saliva. Sabía como manipular a este profesor, y a otros muchos, pero el director era firme y limpio, muy limpio.

- Vale...- me levanto de la mesa y salgo por fin de la clase, encontrándome de frente con Lucas y sus enormes gafas.- ¿Y tú qué coño quieres ahora?

- Pe-per-perdona, Emma... yo...- se coloca las gafas nervioso y yo me planto a esperar lo que quiere decirme o preguntarme, no estoy muy segura.

- ¿Me lo vas a decir hoy o mañana? No tengo todo el día, ¿sabes?

- He- he visto tu dibujo y...

- Espera, ¿qué? No te vuelvas a atrever a mirar uno de mis dibujos. Mejor, ni siquiera vuelvas a dirigirme la palabra.- camino por el pasillo de camino a la salida y él me persigue.

- ¿Qué-qué hacías en la calle Lorca esta mañana, Emma?- me paro en seco y trago saliva.

- A ti eso no te incumbe.

- ¿Sabes que a dos manzanas de allí han asesinado a Paula? 

- No, no lo sabía.- me doy la vuelta y le planto cara.- ¿Por qué me haces estas preguntas? ¿Está insinuando algo?

- Sé lo que has hecho, Emma, y no descansaré hasta que todo el mundo se entere.

- ¿De qué se tienen que enterar?- le miro firme, sin que note mi debilidad y mis nervios por ser descubierta por un idiota.

- De que tú sabes quien la ha matado; de que estabas con ella anoche cuando todo ocurrió y no te has atrevido a contárselo a la policía.- suelto un suspiro de alivio y me relajo.

- Si yo contara la verdad, ¿cambiaría algo? ¿Paula resucitaría? No lo creo, Lucas.

- ¿Me acabas de llamar Lucas?- el chico se sorprende y yo también. Todos aquí lo llamamos Lupas, nadie lo llama por su nombre o lo ha nombrado de esa forma.

- Sí, ¿eso también te hace sospechar? Pues lo siento. Me voy a casa.- continúo mi camino sin problemas y llego a casa tarde.

En el interior de mi casa escucho de nuevo a mi padre gritándole a Antonio. Entro y los veo discutiendo por el mando de la televisión casi a puñetazos, mientras mi madre prepara la comida en la cocina. Subo a mi habitación y abro el armario. Contemplo todo mis dibujos y sonrío orgullosa. Pego con chicle el boceto de esta mañana y me siento bien, libre de toda culpa y preparada para el siguiente dibujo.

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