Capítulo 5: Huida

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Huida

- ¡¡PAPÁ!!

El grito de Yik-Al surcó la noche tal y como lo hizo el de Kiare el día de su nacimiento. El cuerpo de Yik-Min cayó al suelo con estrépito, provocando más chillidos entre los presentes.

- ¡Pero si ya no sabes ni pelear sin ayuda de tu hombre! - reía Yik-Hima, en absoluto afectada por el resultado de su hechizo, si bien no era el que esperaba - Bueno, querida, tuviste tu oportunidad de vencerme y... este - dijo en tono despectivo - la ha echado a perder.

- ¡Sólo intentaba salvar a mi madre! - Sollozó Yik-Al 


- No lo dudo, niña, pero has vivido en Shur-Ikail toda tu vida, ya deberías haber aprendido cómo funcionan las cosas aquí, ¿no crees? - Una sombra de malicia asomó por los ojos de la mujer bárbara - No sé cómo serán las consecuencias en circunstancias como esta en el lugar de donde viene tu madre... ¿Lumbam... Lembak...? Lumbak, creo recordar... Pero en los dominios de los Nueve Clanes no se hacen de la misma manera que en ese pedazo de tierra reseca que los hijos... o mestizos - pronunció con desdén - de Aldun llaman hogar.

- ¡NO VOY A CONSENTIR QUE HABLES ASÍ A MI HIJA, NI QUE INSULTES A MI TIERRA! - Los ojos azules de Kiare relucieron de ira - No me importa si eres la Señora del Clan, como si eres la soberana más prestigiosa de Nandelt, ¡como si eres la Reina de las Hadas! No vas a insultarnos así como así y salirte con la tuya.

Mestizos, había dicho Hima. "Esa palabra suena muy mal", se dijo Yik-Al. No solía pensar que no era como los demás shur-ikailis o que su madre venía del lejano desierto de Kash-Tar. Alzó una mano para observarla, y enroscó con sus dedos uno de los mechones de su cabello bicolor. Las vetas pardas de su ya de por sí oscura piel producían un efecto extraño en contraste con el azul casi verde de su pelo.

- Consiente lo que te venga en gana, limyati, pero yo no permitiré que sigas viviendo aquí mientras no me respetes y aceptes como tu superior - Dijo con una sonrisa de suficiencia -. Y como soy plenamente consciente de que eso jamás va a ser así, dejarás los dominios de mi clan antes de mañana al anochecer, o yo misma te ensartaré con mi espada como lo he hecho con Yik-Natar - miró con repugnancia el cadáver del aludido -, a quien, por cierto ya podéis llevaos.

Tres bárbaros se llevaron el cuerpo, a la señal de su señora.

- Mi hechizo estaba destinado a ti, Kiare, por lo que su fuerza no matará a tu compañero - La limyati miró con ternura y preocupación el lugar donde habían trasladado a Yik-Min -, por lo que permitiré... o más bien impondré que tu hija se quede con su padre hasta que él ya no pueda hacerse cargo de ella... o muera.

Yik-Al la miró con horror, sin poder creerse lo que estaba diciendo: la iban a separar de su madre quién sabe por cuánto tiempo.

- Considéralo si quieres como si intercidiera, inconscientemente, claro - rió -, por Yik-Al. Por tu parte, ve pensando qué caballo te llevará hasta tu tribu o qué sé yo, porque tienes hasta esta noche.

Todos se retiraron hacia sus tiendas. Algunos ayudaron a Kiare a llevar a su compañero hasta la suya, donde lo tendieron.

Reinó el silencio absoluto las horas siguientes al destierro de la limyati, durante las que Yik-Al disfrutaba lo poco que le quedaba con su madre. Y cayó la noche.

Yik-Min se recuperaba poco a poco y ya podía hablar con naturalidad cuando cayó el primer sol.

- Yik-Al... no llores más, por favor - suplicaba Kiare -. Vamos a estar separadas, pero no es para siempre, podrás venir a verme en cuanto seas un poco mayor...

- Haz caso a tu madre, hija - dijo un agotado Yik-Min, acariciándole la cabeza -. Y ten en cuenta que ella estará siempre contigo...

La chica levantó la cabeza del regazo de Kiare, sin comprender.

- Es cierto... - sonrió Kiare con nostalgia - ¿Nunca te has preguntado si tu nombre tiene algún significado, Yik-Al?

- ¿Significado? - Abrió mucho los ojos, sorprendida - Más allá del nombre del clan al que pertenezco, supongo... Al no tiene mucha pinta de significar nada.

- Al... realmente no lo tiene - respondió su padre -, pero Aylim, sí.

Aylim, recitó Yik-Al... Yik-Aylim en su mente. Significaba "Lágrimas por el Margen".

- Los limyati son, literalmente, la gente del margen - aclaró Kiare -. Fue más una cosa que se me ocurrió que un verdadero significado para un nombre, en realidad... pero es cierto que he derramado muchas lágrimas todos estos años por no poder estar cerca de mi tribu, mi familia... algún día los conocerás, te lo prometo.

Estas palabras ayudaron a calmar a Yik-Al, que se durmió rápidamente pensando en el origen de su nombre.

- Yik-Min... no quiero dejar el clan...

La joven era presa de un profundo abatimiento, viendo próximo el momento de abandonar la tranquilidad de las llanuras, que habían sido su hogar durante doce largos años

- En cuanto se haga un poco más mayor iremos a visitarte, te lo prometo...

Y así quedaron, hasta que se hizo la hora de preparar las pertenencias de Kiare, junto al caballo que la guiaría a la mañana siguiente, cuando varias personas, entre ellas Yik-Feril, la anciana, despidieron a la única miembro del clan que no poseía listas pardas.

- Cuida bien de ella, Yik-Min - Imploró Kiare, entre lágrimas -. Prométeme que vendréis a verme, los dos.

- No nos olvides, Rayitas... estaremos en Kash-Tar antes de que puedas decir "bárbaro deslenguado, maleducado y malhablado" - bromeó el shur-ikaili, despidiéndola con un beso largo, sabiendo que podría ser el último.

Y así partió Kiare, agarrada al caballo más rápido de los alrededores, dejando dormida en la tienda a una parte de su corazón. Se giró una única vez, a tiempo para ver cómo, con dificultad, las manos de Yik-Min conjuraban un fuego fatuo, que le iluminaría parte camino. Sonrió al ver que uno de los pocos hechizos que le había enseñado daba sus frutos gracias al poder de un unicornio.

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Sé que dije que iba a subir los lunes, pero ayer tuve un compromiso importante así que no pude subirlo porque no estuve en casa (ya veis lo poco que me ha durado). Pues os lo dejo hoy. Nos leemos :D

 

 

 

Un Bárbaro con alas¡Lee esta historia GRATIS!