Capítulo 4

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Caminamos en silencio a través del bosque durante unos minutos hasta que Kells y Delanley nos adelantan un poco y nos dejan solos.

Vaya. Primero me previene sobre Alex y lo peligroso que es y ahora me deja sola con él para irse con su amigo como si se conocieran de toda la vida.

-Eh- me llama Alex cuándo me alejo un poco de él.

-¿Qué?

-No hace falta ser tan borde, de verdad. No muerdo- sonríe- A menos que quieras.

Alexander Grey me acaba de guiñar un ojo. Y no parece idiota haciendolo, como les pasa a la mayoría de las personas que hacen ese gesto. No, el parece arrogante, presumido, y condenadamente sexy.

-¿Me morderías?

¿Acabo de decir eso?¿De verdad? Qué alguien me rocíe con mi spray de pimienta porfavor. Como era de esperar, Alex se ríe de mi, y de nuevo me entran ganas de arrancarle la cabeza. Con un hacha o algo así. Que se desangre.

-Sí. Muy gracioso. Ja-ja-ja. Soy rematadamente imbécil.

-Para. Estoy intentando ser simpático contigo, ¿sabes? Y no me lo estás haciendo muy fácil.

-¡Pero es que yo no quiero que seas nada conmigo!- vale, puede que sí, pero una mentira por omisión no hace daño a nadie.-¡Maldita sea!No te conozco.

Alex me mira con curiosidad, y ocurre de nuevo. Me quedo parada donde estoy, y sin poder evitarlo me atrapa con su mirada como una araña en su telaraña. Esto realmente está empezando a resultar más que extraño. No le conozco de absolutamente nada, pero la forma en la que nos estamos mirando ahora me hace creer que sí.

Él se inclina hacia mi, y por unos instantes mi alocada cabeza piensa que va a besarme. Alza una mano hacia mi rostro y la apoya en mi mejilla.

Y con ese simple movimiento, sucede.

Vuelvo a estar atrapada en el fuego. Vuelvo a tener dieiséis años, y estoy tosiendo tanto que creo que voy a vomitar en cualquier momento. Las lagrimas corren por mi rostro y me impiden ver cualquier cosa. Lo primero que pienso es que Corrine no está en casa. Y que la casa está ardiendo. Mi habitación está ardiendo, el humo está por todas partes y no hay ninguna manera de salir de aquí. No viva. Intento gritar pidiendo ayuda, pero sé que no me va a oir nadie.

Es de madrugada y Corinne y yo vivimos a un kilómetro de la casa más cercana. Lloro. Grito. Pero nada hace efecto.

Y me desmayo sin nisiquiera darme cuenta.

Cuando Alex se aparta de mi, tiene los ojos entrecerrados y yo estoy jadeando. Las gotas de sudor frío se deslizan por mi espalda, y unas cuantas lágrimas por mi rostro. No puedo respirar, y me deslizo por el tronco de un árbol hasta acabar sentada en el suelo, poniendo mi cabeza entre las rodillas, tal y como mi antiguo psicólogo me dijo que hiciera cuando tuviera un
ataque de pánico.

-¿Estás bien?

-No- digo con la respiración entrecortada. Noto a Alex agachandose a mi lado y rozandome el pelo con la mano.

-Vamos. Tranquilizate. Estás aquí conmigo.

Pero no puedo. Siento que tengo el humo pegado a mi piel, y el fuego a mi alrededor. El recuerdo ha sido demasiado vívido. Más que en mis propias pesadillas.

-Adelaine. Respira.

Oír mi nombre entre sus labios hace que pueda guiarme un poco por su voz.

-Venga, vuelve a mi. Estás a salvo - Alex me susurra palabras tranquilizadoras hasta que me recompongo y puedo respirar con tranquilidad.

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