Parte 1

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Yo la amaba. ¿Sabés? La amaba mucho. A veces pensaba que tal vez, pero solo tal vez, la amaba demasiado. Nunca creí poder amar tanto a una sola persona. Ella rompió mi corazón. Ella ya no viene a esta plaza como lo hacía antes. Sabe que estoy acá, por eso no viene. Pensé que era una gran mujer, pero me equivoqué. Intento recordar qué hice mal, pero supongo que nada, ya que no lo recuerdo. Tal vez fue mi culpa o tal vez no. Tal vez fue su culpa o de los dos. O tal vez fue la culpa de él.
Me gustaría pensar que ella es feliz, pero lo conozco demasiado(o eso creo) como para darme cuenta de que esa sonrisa tan convincente para todos, es falsa. No me alegra saber que ella no es feliz, se me ocurre pensar que probablemente la sigo amando o por lo menos queriéndola. Desde ese día nada es igual. Desde mi ojos, el sol sale cada mañana sin luz, la lluvia ya no es húmeda y vivo en un estruendoso silencio. Antes, la misma plaza en la que me encuentro parado ahora era completamente diferente o lo era para mi. Solía tener vida. Las hojas secas del otoño parecían decorarla, pero ya no. El poco pasto que brota de la seca y polvorienta tierra todavía se ve totalmente descolorada, todavía conserva un vago verde opaco en las puntas. El tobogán está completamente oxidado y me pregunto cómo es que sigue en pie. De pronto, esta plaza parece ser mi retrato, un espejo con mi reflejo en él.
Ella y yo veníamos todas las tardes a esta plaza. Ella le daba luz, alegría. Sin ella, este lugar no es el mismo. Sin ella, nada es lo mismo. Debería dejar de venir a este sitio, lo único que me produce es angustia y nostalgia. Todas las mañanas me levanto y salgo a caminar. Siempre tomo un camino distinto para evitar llegar hasta acá. Pero de una manera u otra, siempre termino acá. "Todos los caminos llegan a Roma" dice la gente. Yo pertenezco al grupo de personas que se preguntan: Entonces, ¿cómo salimos de Roma?

Sin ella¡Lee esta historia GRATIS!