Regalos inesperados.

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No se exactamente cuando tiempo pasó hasta que al fin mi abuela llegó y pudimos proceder a la entrega de regalos. Los niños estaban impacientes, subiéndose por las paredes a la espera de poder saber que contenían sus sorpresas, y para que engañarnos, yo también. No estaba en la mejor situación en la que pudiera estar, no podría sacarme de la cabeza el cementerio ni las recientes palabras de la mujer Black, y sobretodo me llenaba de curiosidad que se hubiera ido a casa en ese preciso instante. James, mi mejor amigo y más leal lo notó, y obviamente estuvo intentando distraerme con sus tonterías toda la noche. Y, siendo él el animador, no podía faltar alguna que otra broma y los empujones "accidentales" y demás trucos para pegarme lo más posible a Victoire. Y ese momento no iba a ser menos.
Como iba diciendo, mi abuela llegó al cabo de un tiempo, y todos nos sentamos al rededor del fuego, con todos los primos sentados en el sofá que había en la sala. Éramos muchos, y el sofá era pequeño, así que James encontró la excusa perfecta para sentarme al lado de Vic y el ponerse al otro lado. Empezó a empujarme disimuladamente, pegándome a ella con la excusa de que no cabían todos en el sofá y que teníamos que apretarnos. Y a causa de eso se llevó un codazo en el estomago de mi parte.
-Para ya. -Le dije después de darle el codazo, mirándolo con el ceño fruncido y dandole unas palmaditas en la rodilla para que los demás pensasen que había sido accidental.
-¿Qué? Es que no cabemos. -Su voz era algo mas cortada y floja que con anterioridad, debido al gratuito golpe que acababa de recibir, pero eso no le quitaba la sonrisa picara que tenía entre sus labios desde hacía ya un rato.
-Te odio.
-Mentira, soy tu mejor amigo. Además, el que sufre mas soy yo que tengo que estar pegado al mocoso de Fred.
-¡Eh! -Dijo el pequeño Fred II, que imitando mi acto, le dio un pequeño codazos en el lado opuesto al que le había dado yo, provocando que James hiciera un pequeño y casi inaudible grito ahogado y se llenara la mano al estomago. Yo, obviamente, me reí y le ofrecí mi mano al pequeño con algo de dificultad a causa del poco espacio que había para movernos, y el chocó la suya contra la mía. Iba a decirle algo a James, pero una voz femenina nos interrumpió.
-¿Pero qué os pasa chicos? Dejad de moveros tanto. -Era Vic, que a mi costado izquierdo estaba recibiendo cada movimiento que nosotros hacíamos, pero igualmente estaba risueña como siempre. Madre mía, desde aquella tarde en la enfermería siempre me perdía en esta sonrisa tan perfecta, algo que me hacia parecer bobo.
-¡Degalos! -De nuevo iba a contestarle a Vic cuando otra voz aun más aguda y chillona me interrumpió, era el pequeño Hugo que se tiró encima nuestro mostrando su notable impaciencia.
Era el momento de abrir los regalos. Fred, Audrey, Percy, Harry, Ginny, Angelina, Molly, Bill, Fleur, todos empezaron a sacar paquetes con e volteo ríos de papeles brillantes y a dárselos entre ellos y a nosotros. Equipaciones nuevas de quidditch, chocolate, libros, plumas nuevas, juguetes, escobas, paquetes de bromas de Sortilegios Weasley y sobretodo muchísimo chocolate. Los regalos iban de ahí para allá y las risas e ilusión eran casi palpables. En ese momento se acercó mi abuela, con un paquete pequeño y alargado y una sonrisa cariñosa.
-Toma cariño. Esto era de tu padre, y la carta me la dio tu madre antes de ir a la batalla. -Hizo una pequeña pausa, en la que yo no podía creer lo que me estaba contando y a ella se la veía afectada, le costaba recordar todo aquello.- Ella me dijo que si no volvía que no te la diera hasta que no pudieras entenderlo, hates que no tuvieras la edad. Y ya es el momento. -Me dio un beso en la mejilla, y se fue a jugar con los pequeños para dejarme algo más de intimidad.
El sofá ya estaba bastante vacío debido a que todos se habían ido a jugar con sus nuevos regalos, aunque a mi lado seguían estando James y Vic. Ella, al ver lo que tenía entre las manos y ver que estaba totalmente paralizado me puso la mano en el hombro y le llamó la antelación al castaño para que se diera cuenta.
-Teddy... Puedes hacerlo. -Me dijo ella, viendo que me estaba costando mucho abrirlo. No me movía, seguía mirando el regalo como si en cualquier momento tuvieran que salir ellos de dentro. Notando como la mirada de mi abuela, de Ginny, de Harry y de muchos de los adultos se clavaban de tanto en tanto en mi, seguramente sabrían lo que tenía entre las manos.
James me miraba sin decir nada, ambos estaba esperando a que yo me moviese y que lo abriera, dándome apoyo para que supiera que no estaba solo. Cerré los ojos y suspiré lento y pausado, preparándome para lo que venía instantes después. Los volví a abrir y empecé a romper el papel, encontrándome con una varita y un sobre que al parecer contenía una carta. Dejé la carta entre mis piernas un momento y empecé a darle vueltas a la varita, mirándola con total asombro y curiosidad.
-¿Una varita? -Dijo James mirándola también.
-¡Shht! ¡James! -Dijo Vic antes de darle un golpe en la cabeza con la mano a James, indicándole que tenía que callar.
-Es... La varita... La de mi padre. -Dije respondiendo al chico, dándole unas vueltas más antes de dejarla en mi regazo y coger la carta. Al verla las lágrimas amenazaban con fuerza por salir. Era la letra de mi madre. Era una carta escrita por su puño y letra antes de ir a luchar. Me quedé mirándola mientas alguna lágrima caía lentamente por mi mejilla, sin atreverme a abrirla.

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¡Hola! Siento mucho no haber escrito desde hace tanto, me siento fatal y tenía muchas ganas de volver a ofreceros un capítulo. Bueno, aquí lo tenéis. Tengo muchísimas cosas pensadas que espero que os emocionen, y sobretodo voy a escribir más seguido y capítulos largos para poder mostraros todas mis ideas.
Y sobretodo gracias por leerme y decir que la siga día a día 💕

Soy Edward Remus Lupin Tonks¡Lee esta historia GRATIS!